Cómo se
genera la química que desata la inteligencia
empresarial para gestionar la incertidumbre
En el transcurso de una conferencia reciente,
Peter Lorange, presidente del IMD de Suiza,
resaltaba el hecho de que sólo el
18% de las empresas estaba actualmente creciendo,
mientras que el 82% restante luchaba para
poder mantenerse a flote. Entiendo que estamos
hablando de un dato escalofriante, ya que
sólo los que crecen de manera permanente
pueden vivir. Cuando hablo de crecimiento
no me refiero exclusivamente a ser más
grande desde el -punto de vista físico,
sino sobre todo, a ser más proactivo
y más innovador en la relación
que mantiene la empresa con el mercado.
Esa búsqueda permanente de la diferenciación
y de la creación de valor incrementa
de manera natural tanto el prestigio como
la demanda de los productos y servicios
que la empresa en cuestión ofrece
a sus clientes. Ante un mercado tan globalizado
como el actual a uno ya no le compran, sino
que es uno el que tiene que vender. La batuta
ya no la tiene el vendedor, sino el comprador,
que es quien tiene la posibilidad de acceder
a todas las posibilidades y ofertas que
existen en el mercado. ¿Existe alguna
forma de despertar la inteligencia empresarial?
¿Hay alguna manera de adaptamos más
proactivamente a las continuas fluctuaciones
del entorno? ¿Podríamos gestionar
mejor la incertidumbre? En mi opinión
la respuesta es un sí anclado sobre
principios científicos sólidos
de la fisiología humana. El nivel
de performance de una persona en una organización
es sumamente variable. Hay veces en las
que tenemos la sensación de que "nos
comemos el mundo" y hay otras en las
que sentimos que "el mundo nos come
a nosotros". Lo que nos resulta más
difícil es saber qué hacer
para controlar una situación que
no parece que dependa de otro factor que
la variación de la presión
que recibimos del entorno.
Cuando se han hecho mediciones del nivel
de ciertas hormonas y neurotransmisores
se concluye que la diferencia entre los
que tienen una química que les permite
un máximo performance bajo presión
y los que no la tienen depende de la manera
en que han entrenado ciertas competencias,
habilidades que todos tenemos pero que pocos
expresan. Me gustaría apuntar algunos
de los ejercicios de probada eficacia para
generar una química más eficiente
en nosotros y en los demás.
"Existen competencias para
controlar la presión externa"
a) Reconozca sistemáticamente
para poder corregir ocasionalmente.
No dé por supuesto que la gente
sabe lo que hace bien o que simplemente
es su obligación. La idea de que
es su obligación puede ser razonable
pero no sube los niveles de serotonina con
lo cual no crece ni la auto-confianza ni
la motivación.
b) Favorezca espacios para que la gente
recupere su energía.
Levántese, estírese, escuche
un poco de música, dé un corto
paseo. Ya sé que parece que no hay
tiempo, pero pienso que si tiene menos tiempo
pero sus endorfinas están más
elevadas en el tiempo restante, su rendimiento
será mayor.
c) Busque en qué puede ayudar
a los demás en lugar de esperar a
que los demás le ayuden a usted.
Tal vez crea que no se lo merecen, pero
entonces tendrá que conformarse con
unos niveles de corticoides altos.
d) Dé un paso adelante a pesar
de su miedo.
Enfóquese un 20% en el problema
y un 80% en la solución. Ya sé
que resulta curiosamente más irresistible
fijarse en el problema que buscar una solución,
pero recuerde que aquello en lo que enfoque
su atención se hará más
real para usted. Si se enfoca en el problema,
aumentará de tamaño el problema
y con él su nivel de corticoides.
Si se enfoca en la solución, aumentarán
las posibilidades de que lo resuelva y su
adrenalina le moverá a la acción.
Mario Alonso Puig
Médico especialista
en Liderazgo y Creatividad
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