| Carta
al Príncipe
La Revista (El Mundo)
Número 119
Por don José Antonio
Jáuregui.
Querido Príncipe de
Viana:
Me decía Madariaga en
uno de nuestros paseos por los parques de Oxford
que "una pareja que se quiere emite ondas
de armonía por el inmenso océano
de la humanidad". Si cualquier pareja puede
con su amor o con su odio unir o dividir un poco
más la familia humana a veces tan inhumana,
los avatares del Príncipe Carlos y de Lady
Di parecen haber incidido en un Reino Unido que
como toda sociedad humana puede estar más
o menos unida o dividida. "¡Ah España,
qué país maravilloso cuando está
unido! De vez en cuando los españoles se
dividen y se enfrentan entre ellos mismos y entonces
es la perdición de España".
Así comienza una Historia de España
escrita en el siglo XVIII por el padre Joseph
d'Orléans, un jesuita francés.
La palabra Príncipe
está asociada en la cultura europea con
el Príncipe maquiavélico de Niccolo
Machiavelli y con el Príncipe de la Paz.
Querido Príncipe de Viana: todos los navarros
y todos los españoles deseamos lo mejor
a nuestro Príncipe con motivo de su cumpleaños.
España que exportó la palabra guerrilla
y que se hizo célebre en este siglo por
el Guernica, cuadro que refleja la España
enfrentada del epitafio de Larra ("aquí
yace media España: murió de la otra
media"), ha exportado en este siglo que ya
termina la palabra transition, como modelo de
conciliación, de reconciliación,
de concordia.
No necesita el pueblo español
un Príncipe maquiavélico, sino un
Príncipe de la Paz. Pakea, paz, es una
palabra que vemos exhibida con letras gigantescas
en las calles de Euskadi y de España. Si
el hacha de la que hablara León Felipe
en sus versos desgarradores está enterrada,
aún aparece un hacha siniestra que está
de más. Necesitamos un Príncipe
de la Paz que logre el milagro de que esta última
hacha pase al museo histórico de los horrores.
Necesitamos un Príncipe de la Paz que permita
al fin una perfecta convivencia entre "nacionales"
y "nacionalistas", residuo de una España
obsoleta que debe al fin "pasar a mejor vida".
Necesitamos un Príncipe
de la Paz que logre una perfecta simbiosis, sinergia
y armonía entre moros, judíos y
cristianos. Necesitamos un Príncipe de
la Paz que logre que Iberia, Hispania/España,
Al-Andalus y Sefarad convivan y confraternicen,
quitándole a Santiago, patrón de
España, el insulto anticristiano de "matamoros"
y desterrando para siempre de nuestro diccionario
el término "judiada" como sinónimo
de acción pérfida.
En el próximo siglo
y milenio la peseta habrá cedido su trono
-económico y simbólico- al euro.
El futuro Rey de España deberá conseguir
más que nunca que España permanezca
unida para que se oiga su voz en el concierto
de la Nueva Europa Unida. Carlos V, "el último
descendiente de Carlomagno y el primer abanderado
del Federalistas Europeos" (Madariaga), nieto
de nuestros Reyes Católicos, hijo de Felipe
el Hermoso y de Juana de Castilla, nacido en Gante,
país de Flandes, coronado en Bolonia por
el papa Clemente VII como emperador de Europa,
venerado por los austriacos por haber liberado
Viena de manos de los turcos, puede ser nuestro
mejor punto de encuentro en la nueva Unión
Europea que está alboreando.
¡Felicidades, querido
Príncipe de Viana! Los navarros y los españoles
deseamos de corazón que nuestro Príncipe
encuentre esa alma gemela que sea el dimidium
animae meae y que su felicidad verdadera emita
ondas de armonía en la familia española.
El Rey Juan Carlos "Salvam Rem Publican fecit"
-salvó la República- según
se dijo en la Universidad de Oxford al concedérsele
un doctorado Honoris Causa. Ha habido reyes -varios
en este siglo- que no lograron parar un "golpe
de Estado", que no consiguieron "salvar
la república" cuando estuvo amenazada.
Todos ellos fueron destronados. Es el delicado
papel del Rey "Constitucional": vigilar
24 horas la república y la Constitución.
Hoy ya sólo caben Reyes Republicanos.
¡Zorionak!, ¡Felicidades,
Alteza!
José
Antonio Jáuregui
Escritor y Pensador original
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