En un mercado
cada vez más competitivo donde ciertos
servicios de lujo del pasado reciente se han
convertido en un servicio de masas, es decir,
donde se ha popularizado o democratizado el
lujo, las empresas que nacieron cubriendo estos
segmentos de mercado deben cambiar radicalmente
sus estructuras organizativas para abordar la
nueva situación de mercado donde los
segmentos para los que nacieron ya no son sus
clientes exclusivos, sino segmentos mucho más
amplios, con otras necesidades y expectativas.
Las Líneas Aéreas
es uno de los ejemplos más dramáticos
de cambio de perfil de sus clientes en un periodo
de tiempo muy breve.
Hemos pasado del cliente
elitista y de alta clase social, la popular
"jetset”, a un cliente que viaja
por necesidad, siendo parte habitual de su trabajo,
que toma una avión a primera hora de
la mañana y vuelve en muchos casos en
otro a última hora de la tarde, entendiendo
el vuelo como un desplazamiento necesario, sin
más, no como una aventura ni como un
lujo, en definitiva, como si tomara el autobús
o el tren de cercanías para entrar y
salir de la ciudad.
Los mismos clientes profesionales
se incorporan en su tiempo libre a otros segmentos
que utilizan los vuelos para llegar más
rápidamente a visitar a unos parientes
durante los pocos días libres de los
que disponen o para comenzar cuanto antes sus
vacaciones cada vez más cortas, o para
realizar turismo, olvidándose del placer
del viaje.
Ante este cambio dramático
de objetivos del cliente, el precio se ha ido
convirtiendo en un factor crítico para
la toma de decisiones y así han aparecido
las compañías charter y más
recientemente las denominadas compañías
de bajo precio.
Las Compañías
Aéreas de bandera han tenido que entrar
en competencia, ya no sólo entre ellas
sino también con las que acabamos de
mencionar, para la consecución o cuando
menos el mantenimiento de sus cuotas de mercado,
intentando conseguir unos ingresos que les permitan
mantener el nivel de beneficios que garantice
su supervivencia y para ello han tenido que
reducir sus tarifas, lo contrario a lo que necesitaban
con sus estructuras de costes para conseguir
sus objetivos empresariales.
Entonces han emprendido de
forma general una serie de programas de reducción
de costes, consiguiendo crear el peor ambiente
posible para competir, el que ya emprendieron
hace algunos años otras empresas de otros
sectores, muchas de las cuáles ya no
existen.
Este deterioro de ambiente
se genera por la incertidumbre que se cierne
sobre los empleados, responsables últimos
de la satisfacción de los clientes, quienes
ven cómo compañeros suyos con
enorme experiencia y en perfecto estado de rendimiento
son despedidos por tener o aproximarse a los
50 años.
Pero las continuas reducciones
de empleados no son suficientes para superar
la situación ya que otras compañías
más pequeñas siguen ofreciendo
precios más bajos y además, ahora,
la diferencia en la calidad en el servicio de
atención al cliente, si bien empezaba
a perder su característica de ventaja
competitiva aceptada por los clientes, en la
actualidad es que empieza a no existir, por
las razones expuestas de reducción continua
de costes, suprimiendo servicios y de reducción
de personal, lo que está desmotivando
a los que quedan.
Ante esta situación
creo que las Compañías Aéreas
deberían dejar de poner parches y resolver
su situación, cada vez más precaria,
afrontando los problemas desde la raíz,
esto es, afrontando sus problemas de forma estratégica,
de tal forma que la implantación de las
soluciones sea consistente y les ayude a vivir
más tranquilos, alcanzando un mayor nivel
de estabilidad.
El problema no se soluciona
reduciendo costes o cobrando pequeñas
cantidades por los servicios que tradicionalmente
ofrecían a sus pasajeros, como las comidas,
recientemente alguna compañía
norteamericana ha anunciado el cobro de 10 dólares
por el menú (e Iberia acaba de hacer
lo mismo), sino cambiando su estructura de costes;
cambiando su estructura de costes en la medida
de lo posible en variable, externalizando además
aquellos servicios que son comunes para el conjunto
en manos de auténticos especialistas
que consigan economías de escala, de
tal forma que la empresa se convierta en el
sistema abierto y flexible de la empresa del
siglo XXI.
De esta forma, como en otros
sectores, deberán concentrarse en las
actividades que realmente añaden valor,
actividades relacionadas con el conocimiento,
la planificación, el control y la gestión
global, dejando en manos de terceros las relacionadas
con la ejecución, eso sí, sin
olvidar que la externalización de una
actividad no implica la despreocupación,
sino todo lo contrario, un mayor control y una
mejor gestión, lo cual debe poner a prueba
la auténtica calidad y conocimiento del
directivo.
La alternativa de estructura
organizativa, por tanto, será un modelo
de Empresa Virtual cuyo core business estará
compuesto por las actividades de estrategia,
marketing, planificación, control y gestión
global.
La actividad más controvertida
puede ser la de la flota, que normalmente se
considera intocable, pero lo mismo sucedía
con la red de sucursales en la banca y recientemente
Banesto ya ha anunciado su expansión
a través de franquicias.
La propuesta en esta actividad
sigue el mismo camino, constituyendo cada avión
con un número determinado de tripulaciones,
en función del nivel de actividad previsto,
una franquicia, lo que ayudará a conseguir
la estructura de costes variables y seguro que,
por razones obvias, ayudará a mejorar
el servicio de atención al cliente.
Por otro lado, los servicios
de check in, handling, catering, etc. delegados
en compañías especializadas que
provean servicio a todas, consiguiendo así
economías de escala.
En definitiva, concebir
las Compañías Aéreas como
una red de empresas charter, soportadas por
empresas especializadas de servicios concretos
que completan la cadena de valor y todo ello
gestionado por un núcleo central, el
núcleo de conocimiento de la actual Compañía
Aérea; seguro que los clientes, los empleados
y la propia empresa conseguirán mayor
valor por su dinero, trabajo o inversión.
Félix
Cuesta
E-mail de contacto - felix.cuesta@thinkingheads.com