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Artículo de John de Zulueta

¿Quién se ha llevado mi trabajo?

El problema del trabajo y la competitividad en España.

Visión personal
Expansión, Firmas
9 de enero de 2004

Si países de salarios bajos, como México y Marruecos, pierden trabajo manufacturero en favor de China, está claro que España necesita reposicionar su economía para mantener su competitividad.

Celebremos el Nuevo Año atornillando la mesa de trabajo al suelo: una ingente multitud de empleos se escapa por la puerta. Un ejemplo: TLC, el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, acaba de cumplir su décimo aniversario. Un total de 421 millones de personas de diferentes niveles de riqueza han participado en este experimento. ¿Cuáles son las conclusiones, aparte de un crecimiento del 24% de la renta per capita mexicana? Canadá y Estados Unidos se quejan de pérdidas de empleo, e incluso México se lamenta, porque muchos de sus puestos manufactureros se están trasladando a China. Y si antes los grupos antiglobalización se limitaban a José Bové y su alegre banda de 'destroza-McDonald's', hoy incluso el estadounidense medio se irrita, cuando ve que pierde su trabajo en favor de países emergentes que nada más ha visto en National Geographic.

España no ha sido ajena a este mal en progreso. ¿Recuerdan la polémica surgida cuando Volkswagen decidió llevar parte de la producción del Seat Ibiza de Martorell a Bratislava? Inditex, por su parte, ya ha anunciado, después de unos resultados decepcionantes, que trasladará más producción a Asia. Imaginemos qué ocurrirá cuando los nuevos países de bajos salarios entren en la Unión Europea. ¿Cómo puede ser competitiva España frente a alternativas como Polonia, Eslovaquia o la República Checa? Y, por desgracia, el problema no se limita a los trabajos manufacturados, pues grandes compañías de consultoría y software como Oracle, EDS e IBM están dando más trabajo a países de bajo coste, como la India. Debido al idioma común, incluso la entrada de llamadas telefónicas ha sido transferida a Bombay y Bengala, por lo que si bien nuestros trabajos no se irán de paseo a Varsovia, quizás lo hagan a La Habana o Buenos Aires. Vivek Agrawal and Diana Farrell, dos consultores de McKinsey, afirman que "deslocalizar" es positivo para la economía, ya que las compañías obtienen más beneficios y los reinvierten localmente. Que digan eso a la brigada de "los lunes al sol" que hacen cola en las oficinas del Inem.

Si países de salarios bajos, como México y Marruecos, pierden trabajo manufacturero en favor de China, está claro que España necesita reposicionar su economía para mantenerse competitiva, a medida que el tornado llamado globalización arrasa Europa.

Afortunadamente, los empleos del sector servicios están asegurados y España tiene más del 10% de su PIB relacionado con el turismo.

Pero en el futuro habría que centrarse más en la educación, formación e I+D del cada vez más importante sector del conocimiento. Basta con mirar a Finlandia que, en poco más de una década, ha pasado de hacer papel o producir metal básico, a posicionarse como líder en alta tecnología. La mayoría de estos trabajos no se deslocalizan a China, India o al último país incorporado a la UE. Ahora bien, con la economía española creciente, con el euro haciéndose fuerte, el sector de la construcción prosperando y la creación de empleo en España igual a la mitad del total de la UE en 2003, ¿quién está dispuesto a escuchar el sonido de las pisadas que salen por la puerta? Lo que hoy son casos aislados que apenas se oyen, mañana, si no se pone remedio, será el ensordecedor estruendo de las botas de un ejército desfilando hacia el exilio laboral permanente.


John de Zulueta
FIRMAS, en EXPANSION, de 09-01-2004
E-mail de contacto - John.dezulueta@thinkingheads.com