| Artículo
de Pascual
Montañés
¿Vuelva la imaginación
al poder?
"Todavía queda
por recorrer en las sociedades modernas lo que
se llama la personalización de la demanda.
(
) Los productos farmacéuticos que
siguen teniendo exclusivamente dos versiones:
infantiles y de adultos."
"¿Cuánta
autonomía hace falta para poder ser creativo?
¿Se ahogan los empleados debajo de manuales
de procesos y calidad? ¿La cultura de la
empresa es la de pedir perdón o la de pedir
permiso?"
Desde hace poco, observamos que Microsoft está
haciendo tests de creatividad a sus directivos
antes de ascenderlos. También observamos
que la mayoría de las grandes organizaciones
incorporan el término "innovación"
en sus documentos de misiones, visión,
valores, es decir, los documentos que definen
la compañía. Pero, ¿realmente
existe innovación entre organización
y la creatividad de los recursos humanos de la
empresa? A nuestros directivos se les llena la
boca con la palabra "innovación";
nuestros manuales corporativos y principios y
valores se decoran con la palabra "innovación".
En el año en el que el Gobierno de España
va apostar más fuerte que nunca en su historia
reciente por el I+D+i, ¿nos estamos preocupando
por el desarrollo de la creatividad de nuestros
dirigentes/directivos? La respuesta es que hay
una incoherencia con la innovación real
de las compañías y la tan traída
innovación que aparece en el frontispicio
de todas sus presentaciones.
De mucho nos valdría
recordar los dos aforismos clásicos: "nadie
da lo que no tiene" y el "todo lo que
vale cuesta". Es muy difícil hacer
que la innovación inunde una empresa si
no se tiene a las personas adecuadas, igual que
si se desea fomentar la creatividad habrá
que poner los medios e incentivos adecuados para
que florezca y dé frutos.
Si las cúpulas directivas
desean fomentar la creatividad, deberán
contestar a las siguientes preguntas:
· ¿Existe algún
incentivo económico o de otro tipo en la
organización que premie y por lo tanto
incentive las buenas ideas?
· ¿Cómo se reconoce formal
e informalmente el valor de los recursos humanos,
los empleados, que se han atrevido a ser creativos?
· ¿Cuánta autonomía
hace falta para poder ser creativo? ¿Se
ahogan los empleados debajo de manuales de procesos
y calidad?
· ¿La cultura de la empresa es la
de pedir perdón o la de pedir permiso?
Cuando las preguntas son las
correctas, las respuestas llegan casi solas: si
no premia, no fomenta: fomente la creatividad
premiándola; y reconózcala cualitativamente
(con los gestos, con la palmada en la espalda)
y no sólo cuantitativamente (monetariamente).
La creatividad necesita espacio, no puede encorsetarse
en procedimientos rígidos, por lo que hay
que dejar espacio, aunque sin perder la perspectiva
(aquí la respuesta no es tan sencilla).
Y finalmente, si la cultura de su empresa es la
de pedir permiso, entonces los empleados no moverán
jamás un dedo, no se atreverán.
Por lo tanto, reconocimiento, incentivo económico,
autonomía y cultura abierta son requisitos
para la innovación empresarial, no solamente
técnica sino en todos los aspectos: servicio
al cliente, procesos, logística, aprovisionamiento,
manufacturación, administración,
finanzas
Nos engañaron cuando
nos explicaron la ley de la Oferta y la Demanda.
Nos tendrían que haber explicado la Ley
de la Demanda y de la Oferta. Es más fácil
y más necesario ser creativo en la demanda
que en la oferta. Cada vez que se nos pide creatividad,
imaginación, ideas nuevas, innovación,
nos concentramos en la oferta, en la parte tecnológica:
a ver qué nuevo chip podemos inventar.
El enfoque debería ser el contrario, dirigido
a la demanda. Estamos en un entorno donde nos
quejamos del consumismo y materialismo y sin embargo
quedan múltiples necesidades del ser humano
por satisfacer. Frente a productos y servicios
inútiles hacen falta otros absolutamente
imprescindibles. Hay que pensar qué necesita
la sociedad en la que vives en lugar de pensar
qué puedes vender. La creatividad siempre
viene por la vía de la demanda, no por
la vía de la tecnología. Piense
el lector que todavía queda por recorrer
en las sociedades modernas lo que se llama la
personalización de la demanda. No deja
de ser manifiestamente mejorable una mayor personalización
en los productos farmacéuticos que siguen
teniendo exclusivamente dos versiones: infantiles
y de adultos. Ni todos los niños tienen
la misma edad ni todos los adultos el mismo peso.
Nos enseña José
María Bermúdez de Castro, codirector
del proyecto Atapuerca, que nuestra creatividad
se aloja en el lóbulo frontal de nuestro
cerebro. Con esa parte de nuestra inteligencia
conseguimos creatividad, pero necesitamos también
el poder económico-político-mediático
y tecnológico que lleva a la práctica
nuestras ideas. Nos hace falta inteligencia política.
Quizá por esa falta de inteligencia política
es por lo que la generación del 68 y las
posteriores no pueden asegurar la llegada de la
imaginación al poder.
Pascual Montañés Duato
Profesor del Instituto de Empresa
Ponente de Thinking Heads
E-mail de contacto - pascual.montanes@thinkingheads.com
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