“El proceso de humanización no ha terminado aún”, según Eudald Carbonell. Una afirmación como ésta proviene de uno de los más eminentes científicos españoles. Su visión del mundo y del ser humano está anclada en su propia formación: la de arqueólogo e investigador de Atapuerca, la mayor concentración antropológica conocida en todo el mundo y que lleva más de treinta años dentro de un programa de investigación continuada, desde donde Carbonell estudia el pasado para hablarnos del futuro.
Con todo, Eudald Carbonell está convencido de que la humanización no es sinónimo de hominización, y de que la primera aún está por conseguir: sólo se alcanzará utilizando un pensamiento crítico para la consecución de una nueva conciencia de especie mediante la socialización del conocimiento. Una de sus propuestas más agitadoras pasa por conseguir la socialización del conocimiento, lograr que los beneficios de la técnica y el conocimiento lleguen a toda la sociedad. Sus proyectos de investigación tratan de contribuir a la formación de jóvenes investigadores que creen escuela.
“Llegaremos a un estado intermedio entre el hombre y la máquina”
Los hallazgos de Atapuerca están conmocionando a la comunidad de prehistoriadores y paleoantropólogos, especialmente por lo que se refiere a la evolución de la tecnología lítica detectada en los distintos yacimientos de la Sierra de Atapuerca y por la extraordinaria población fósil exhumada en la Sima de los Huesos, así como por los restos de TD-6, donde se ha hallado una nueva especie de homínido, el Homo Antecessor, el explorador que salio del continente africano. Es un ferviente partidario de la cultura como mecanismo crítico de formación intelectual para conseguir que la sociedad sea más justa, más libre y más igualitaria.
Eudald Carbonell cursó estudios superiores en Girona, Barcelona y París, donde se doctoró en Geología del Cuaternario por la Universidad Pierre et Marie Curie en 1986. Ya desde muy joven empezó su obsesión por los fósiles que recogía con sus amigos en el contexto del asociacionismo cultural. Así, el grupo Grober Xaialsa fue uno de sus primeros equipos de trabajo. Sus hitos científicos más destacados son el reconocimiento del poblamiento antiguo de la Península Ibérica, lo cual le condujo a desarrollar un Programa de Investigación multidisciplinar en Atapuerca, inicialmente bajo la dirección del profesor Emiliano Aguirre. Actualmente, codirige el Proyecto Atapuerca junto a Juan Luis Arsuaga y Bermúdez de Castro.
El gran proyecto de Carbonell es explicar la evolución de los dos últimos millones de años, desde el Pleistoceno hasta nuestros días y, por eso, según él mismo afirma, ha consagrado toda su vida a Atapuerca, yacimiento de la sierra burgalesa donde reposan los antepasados del ser humano y que desvelan grandes claves del misterio de la evolución humana, descifradas en gran parte gracias a la labor de este trabajador nato.
“Los mitos, las creencias, siguen siendo la argamasa de los conflictos económicos y sociales”
Ha publicado unos 400 artículos científicos y de divulgación. Es autor o editor de unos treinta libros de Prehistoria. Destaca uno de sus preferidos, Aún no somos humanos de 2003, donde anima a la humanidad a ser consciente de su propio destino y a escribirlo, pero con una mirada constante desde la ética y las consecuencias de sus actos. En 2007 publicó el libro El Nacimiento de una nueva conciencia, una reflexión que intenta transformar conocimiento científico en pensamiento, desarrollando el surgimiento de nuevas formas de relación y organización humanas, a través de una nueva conciencia de especie que analice los problemas actuales para entender qué nos depara el futuro desde el conocimiento del pasado. En el 2008 publicó su libro La conciencia que quema, libro donde Carbonell describe de manera magistral cómo se ha formado nuestra conciencia y de qué manera podemos entender la socialización para intervenir decisivamente en la construcción de una nueva especie a partir del conocimiento empírico, la autocrítica, la razón y la lógica.