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Iván y Gonzalo García Pelayo
Jugadores profesionales del casino

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Viena, Amsterdam, Londres, Copenhague, Australia, San Petersburgo, París, y, por supuesto, Las Vegas. Los casinos de todo el mundo comenzaron a caer ante un método infalible.

Estamos ante el origen de una leyenda. Una leyenda es un relato de un suceso fabuloso, muchas veces con base histórica y que se transmiten por tradición oral o escrita. La Fabulosa Historia de los Pelayos está anclada en la realidad: una familia, encabezada por un padre, Gonzalo, y un hijo, Iván, pone en marcha todo un sistema basado en el análisis científico para vencer al azar. En el camino tuvo que vencer también a los hasta ahora imbatibles adalides del azar: los casinos.

En esta batalla particular los ganadores han sido los Pelayos y los derrotados los Casinos y Salas de Juego de medio mundo. No busquen en otros países, esto sólo lo han logrado los Pelayos.

Explicado resulta sencillo: toda ruleta presenta imperfecciones físicas, imperceptibles a la vista humana, pero que llevan la bola más veces a unos números que a otros, y en el estudio de estas probabilidades reside el éxito de esta familia. Tras la observación y análisis de varios miles de jugadas, durante dos o tres semanas, los Pelayos apostaban por los números más repetidos, los que se repetían más allá del azar. Si bien algunos días perdían dinero, a la larga el método era, y es, infalible.

Todos podemos controlar nuestro destino, porque somos libres para tomar nuestras decisiones, medir sus consecuencias y responsabilizarnos de las mismas. El azar, la suerte, tiene límites, conozcámoslas con los Pelayos.


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La fabulosa historia de los Pelayos


Los Pelayos nos enseñan que podemos adaptar las reglas del juego a la vida diaria. Todo juego científico se basa en el análisis preciso de las leyes de probabilidad. Un buen jugador juega cuando esta probabilidad le favorece, aunque no sea esa probabilidad soñada del 100%. Un buen jugador no juega situaciones en las que lo probable esté en nuestra contra. ¿Por qué no hacemos esto todos los días? ¿Por qué jugamos cuando las probabilidades están en nuestra contra?La vida está ritmada con el metrónomo de la probabilidad: nacemos sin defectos o con defectos, niño o niña, encontramos un buen trabajo al término de una carrera universitaria o no. Es más probable casarse con el hermano(a) de un amigo(a) que con un indochino(a).Hay muchos casos que esa probabilidad nos la impone la suerte, pero en otros, si la tenemos en cuenta, podremos conformar nuestra vida y SOÑAR, INVENTAR NUESTRA REALIDAD.

Nuestra realidad es muchas veces competitiva. No podemos evitar competir en exámenes, oposiciones, negocios, shares, cuotas de mercado y nada más competitivo que el juego. Una idea fundamental en todo buen jugador es la importancia del fracaso: no se puede aprender sin perder. Tienen que ser pérdidas limitadas, de sólo una parte de nuestra banca pero esas pérdidas son como el abono vivificador sobre el que crece nuestro conocimiento. Entender el fracaso como parte esencial del desarrollo de la vida nos permitirá liberarnos de muchos temores infundados. El miedo a perder, el fracaso, el terror a esa carta que asusta pero que también puede ser que atemorice más al rival y podamos aprovecharla para crear un oportuno farol que nos haga ganar cuando creíamos que íbamos a perder.

Muchas veces las instituciones (Estado, religiones, ideologías, modas, etc.) crean miedos infundados que paralizan a los individuos, son esas cartas que asustan (un as cuando no llevas ases) y que hay que aprender a saberlas jugar con decisión.Finalmente, debemos buscar un centro de gravedad permanente como decía el cantante Franco Battiato. Nuestro campamento base, como en el juego, nuestra estrategia. No son elementos que entran en la lucha pero sí son los cuarteles de invierno a los que se retiraba César. Puede ser la familia, un amigo, una mujer, los hijos, una fe religiosa, una ideología social.


 

 
 
 
 
Aprende a jugar al póquer con los Pelayo
 
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