 |
Página
personal de
Luis Francisco Esplá
“Valor y Arte en los Ruedos”


Combinar talla intelectual, capacidad oratoria y maestría en lidia son habilidades que sólo se encuentran en un único ponente: Luis Francisco Esplá. Y es que conceptos como coraje, valor, coordinación, fluidez en el trabajo, son el día a día de este magnífico ponente, especialmente indicado para reuniones internacionales y visitas de personalidades extranjeras.
Luis Francisco Esplá se ha ganado en los últimos años el título de maestro en tauromaquia, otorgado unánimemente por toreros y aficionados. Con más de 30 años de experiencia en el mundo de los toros desde que debutó en Benidorm el 21 de julio de 1974 en la plaza de Benidorm, Esplá selecciona ahora cuidadosamente sus participaciones en festejos (poco más de la veintena al año).
Desde entonces, Esplá se ha caracterizado tanto por su facilidad banderilleando como por su sabiduría y conocimientos en la lidia. En el plano artístico, Esplá intenta recuperar las esencias del toreo en cada gesto, desde sus vestidos de torear de sabor añejo a su colocación en el ruedo o su capacidad para dar a todos los toros la lidia que les corresponde, incluso alejado de los cánones estéticos actuales. Se dice de él que es el torero que mejor entiende al toro y que, en consecuencia, mejor se adapta a él y le saca mayor partido. Ese arte lo aplica de manera similar al no menos difícil arte de dar conferencias.
|
 |
 |
Organización
y Equipos
¿Cómo se dota de sentido a lo repetitivo, a la parte más dura e innoble de un oficio o trabajo? La técnica que como torero he seguido ha sido la del transformar el trabajo en una forma de arte, en hacerlo algo muy personal. Es decir, imprimirle un sello característico. En definitiva, las empresas pueden tratar de pasar lo monetario a lo plástico. Y en el horizonte, la ultra-vocación.

Al filo de la anécdota con Manolo Vázquez (ilustre matador de dinastía sevillano), toreaba yo en Marbella y él se encontraba en uno de los burladeros de la empresa viendo la corrida. Pero lejos de aconsejarme, me explicó que él también tuvo en sus comienzos una época muy desacertada con el estoque, y fue entonces cuando un amigo suyo farmacéutico le recetó unas pastillas; pastillas que le fueron de maravilla, pues me decía que desde aquel día no erraba nunca... Y salió mi segundo toro, al que cuajé una extraordinaria faena, pero al matar repetí el fiasco con la espada. Entré en el callejón y cabizbajo me fui derechito hacia Manolo Vázquez, para pedirle angustiadísimo el nombre del fármaco mágico, si es que todavía se elaboraba. El maestro me miró a los ojos, y con esa sorna sevillana tan suya me dijo: Sí, Luis Francisco, no se preocupe, que las pastillas existen todavía, y se llaman... ¡Apunte, apunte! ... Cojones, hijo mío. ¡Cojones!
|
 |
 |
|
|
|
|
|
 |