Salvador García define los valores como: reglas de juego, ejes o guías para la acción; principios que dan sentido a las instituciones y ordenan el caos y la incertidumbre; reglas que generan cohesión y eficiencia productiva cuando son compartidas. Según Salvador, se ha pasado de la “dirección por instrucciones” (la más clásica) y la “dirección por objetivos” (desde los años 60) a la “dirección por valores”, que se basa en el compromiso, la participación y el liderazgo (los jefes como facilitadores).
La “dirección por valores” es “una herramienta de liderazgo postconvencional”. Mediante este modelo, Salvador García cree que otra empresa es posible, una empresa evolucionada y humanizada, en la que los beneficios no sean un fin sino la consecuencia de hacer bien las cosas con las personas, con los clientes y con la sociedad en su conjunto. García considera que la empresa desarrolla tres tipos de valores: económicos (eficiencia, orden), emocionales (creatividad, optimismo) y éticos (generosidad, honestidad).
Salvador García cree que las empresas tienen cuerpo y el alma, y que el alma de la empresa son su visión, su misión y sus valores. En definitiva, una empresa dirigida por valores se caracteriza por el siguiente decálogo:
1) cuenta con un equilibrio de ejes económico, ético y emocional;
2) permite el burbujeo ascendente de ideas creativas;
3) los trabajadores pueden participar del accionariado y los beneficios;
4) es emocionalmente responsable y sostenible, fomentando el equilibrio de vida;
5) los beneficios no son un fin sino una consecuencia de lo bien hecho;
6) es inteligente y tecnológicamente respetuosa con el medio ambiente;
7) las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres;
8) es cosmopolita, respetuosa con otras culturas y favorecedora de empleo digno;
9) es divertido ir a trabajar;
10) los empleados no son recursos sino fines en sí mismos.
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