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¿Que dicen sobre nosotros los medios de comunicación?
 
Diario La Hora (Ecuador)
 


Sólo para los buenos


Discursear un buen negocio

Una fiebre de grandes parlantes se ha configurado a nivel internacional y han surgido empresas especializadas en conferencistas que pasean los mismos nombres por diversas latitudes. En España, por ejemplo, la plataforma de conferenciantes Thinking Heads constituye un ejemplo y en el Ecuador la firma De Maruri, ha logrado traer a Bill Clinton, Carlos Chautenoc, Rigoberta Menchú, Salvador Bilardo, entre los principales.

Formar parte del “top 100.000” dólares o euros –según el punto de orden desde dónde se hable- es el objetivo a perseguir de todo conferenciante. Al tope de ellos se encuentra el ex presidente norteamericano Bill Clinton quien, por una charla recibe no menos de $225 mil.

Por una conferencia sobre globalización, el ex mandatario estadounidense cobró la suma de $200 mil. El acto se desarrolló en marzo de 2002 en la ciudad de Guayaquil. El “Ave Fénix” como se lo conoce a Clinton disertó por espacio de una hora ante un público compuesto especialmente por grandes empresarios.

En el Ecuador los ex presidentes Rodrigo Borja Cevallos y Osvaldo Hurtado Larrea han sido invitados a dictar charlas en el exterior, pero están muy lejos de ser considerados entre los grandes conferencistas por lo que llegar a afirmar que viven de sus ingresos por este concepto es una falacia. Nuestros políticos, ayunos en su mayoría de la lengua de Shakespeare, pueden aspirar a bien poco en un mercado internacional de conferenciantes para el que resulta intolerable el uso del traductor.

Tras su participación en la reunión de la ONU, el presidente de la República, Lucio Gutiérrez disertará en The Americas Society. Su costo será de $150,00 para los miembros de la organización y $250,00 para el público en general. La presentación será el 25 de septiembre.

Imagen y contenido

Para Daniel Romero-Abreu Kaup, principal de la plataforma de conferencistas española Thibking Heads, “hay ponentes que aportan sobre todo imagen, aunque flaquean en contenidos, pero en muchos casos eso es lo que busca el organizador del evento. Hay instituciones que saben que ese personaje les dará una relevancia excepcional y van por ese objetivo, aunque la experiencia apunta a que en medio y largo plazo lo que más pesa es el contenido".

Por ejemplo, Bill Clinton siempre repite el mismo mensaje en sus discursos y, aunque ahora está muy bien pagada su presencia, como conferenciante puede estar agotado en un plazo de cinco años.

En España tienen mucho éxito las conferencias de Sergi Arola, cocinero y alma del restaurante La Broche, porque es un gran comunicador que transmite a los escuchantes su experiencia de creador de marca desde la nada, del poder de las ideas ilusionantes para convencer a un equipo y de la batalla para rentabilizar todo lo que depende de su imagen.

La figura de Jefferson Pérez, nuestro gran campeón de marcha está incursionando con notable éxito en sus pláticas para la elevación de la autoestima de nuestro pueblo y se ha convertido en el símbolo dentro de la campaña de puntualidad que lleva adelante Participación Ciudadana.

Saber transmitir

La modalidad impuesta actualmente es hacer servibles las experiencias de unos en los campos de los otros. “Al entender que la experiencia de gente proveniente de todos los mundos posibles tiene una aplicación para la empresa”, explica Romero-Abreu.

Así, su plantel de oradores, es capaz de dar respuesta a los requerimientos de todo tipo de organizaciones empresariales. “Son aquellas personas –añade- que por su innovación teórica o por sus excepcionales experiencias, son la excelencia en su ámbito de actuación; personas que saben transmitir y hacer llegar sus conocimientos, reflexiones y valores causando un impacto en las organizaciones.

El precio del conocimiento

Para Thinking Heads, que sigue las pautas de los “speaker`s bureaus” internacionales, el caché de un conferenciante se modula alrededor del contenido del discurso y la capacidad de comunicación del ponente así como el peso de su imagen y la escasez de su tiempo.

Para muchas de las grandes estrellas de la oratoria mundial, la publicación de un libro fue la puerta o el espaldarazo que abrió de par en par su carrera de conferenciante. Ahí está el caso de Barry J. Gibbons, ex consejero delegado de Burger King, autor entre otros de “Dream Merchants”; Ken Robinson, consejero principal del Centro J. Paul Getty de los Ángeles y su “Fuera de nuestras mentes” o Marshall Goldsmith, padre de un método de desarrollo de liderazgo usado por más de un millón de personas en 50 organizaciones diferentes de todo el mundo y cuyo libro “El líder del futuro”, del que es coautor junto a Frances Hesselbein y Dick Beckhard, ha quebrado las barreras de los más vendidos. Y por supuesto Tom Peters, figura del top-100.000, tras su obra publicada en 1982 “En busca de la excelencia”, a la que después han seguido otras muchas.

Excelencia y singularidad la de los propios conferenciantes para los que urge modernizar la definición de orador que perfilaba Cicerón, de ser “vir bonus dicendi peritus”. Porque a día de hoy, en este mercado de las conferencias que mueve millones de dólares, a lo primero –ser hombre bueno- ni se le presta atención; lo segundo –saber hablar- es la razón de ser, y hacerlo además con grandilocuencia, en inglés y sin leer, el peso pesado de su precio.


Los Top-100.000

Hillary Clinton
Tras publicar sus memorias, por las ya ha percibido más de $7 millones, la senadora es “ponente top” y rival en caché con su esposo.

Collin Power
Que la práctica de la conferencia es un negocio boyante en EEUU lo verifican los $20 millones que ganó en 7 años el militar.

Margaret Thatcher
Fichada como Major, Giuliani o Carter por la empresa líder Washington Speaker’s Bureau es todo un modelo a seguir en el círculo.

Ronald Reagan
Sólo tardó dos meses, tras dejar la Casa Blanca, en explotar el filón: en Japón cobró $2 millones por dos charlas de 20 minutos.