En las últimas semanas y meses, las informaciones de CEO abandonando sus cargos se han vuelto cada vez más habituales. Business Insider, NBC o Fortune son solo algunos de los medios de comunicación que se han hecho eco de este fenómeno, que muchos ya han bautizado como éxodo. Los CEO de eBay, Samsonite, HSBC, Nissan, Nike, Alphabet o United Airlines abandonaban sus cargos el pasado año, contribuyendo a la sorprendente cifra de 1640 CEO que hicieron efectiva su renuncia en 2019. Esta cifra, revelada por un estudio de Challenger Gray & Christmas, supone un incremento de 12.9% respecto al período de 2018.

Precisamente esta firma acaba de publicar un informe con los datos del mes de diciembre, que arrojan una cifra de rotación prácticamente récord, la segunda más alta desde que se tienen datos, con 160 CEO renunciando a sus cargos. Este estudio, que viene recopilando datos desde 2008, evidencia un aumento repentino de las renuncias. Cabe señalar que la relevancia de algunos de estos nombres ha contribuido mucho a la fuerte repercusión de este “éxodo” de CEO. Para entender la repercusión de este llamado “éxodo” de CEO, no se puede ignorar el impacto que han tenido algunos nombres de relevancia como el de Larry Page, o compañías como las mencionadas previamente.

Coincidiendo con un cambio de paradigma impulsado por 181 CEO que, a través de Business Roundtable, hacían pública una declaración de intenciones hacia una cultura empresarial que mira hacia la sociedad y los stakeholders, buscando aportar valor a ambos, más allá de los tradicionales shareholders o accionistas. No hay que subestimar la influencia de este nuevo escenario, en el que la sociedad exige más a las compañías y se interesa no solo por lo que hacen, sino por cómo lo hacen, buscando (y esperando) una coherencia entre valores y acciones.

De estos 1640 abandonos, 583 pasaron a otra posición, 395 se debieron a jubilación, y 154 se marcharon a otra compañía y 138 renunciaron.

El papel del CEO como actor social

Más allá de las cifras, aunque muestra de una realidad innegable, lo que cabe preguntarse es por qué sociedad y empresa otorga tanta importancia a este hecho. La crisis de liderazgo ha llevado a los líderes empresariales a convertirse en depositarios de la confianza de la sociedad, siendo mejor valorados que líderes políticos, instituciones públicas o medios de comunicación. Según los datos del último barómetro de confianza de Edelman, correspondiente al año 2019, los CEO cuentan actualmente con más confianza que los gobiernos para tomar la iniciativa en el cambio. Son, también, los principales responsables de implementar medidas como salarios igualitarios, trabajar contra la discriminación, ofrecer formación para los trabajos del futuro, cuidar el medio ambiente y combatir el acoso sexual y las fake news. A todo ello, hay que añadir el fenómeno del CEO activista, que interviene en el debate social y político, algo que, según este barómetro de confianza, se espera cada vez más de ellos.

Permanencia del CEO  a toda velocidad

Lo cierto es que empresas y directivos afrontan este 2020 desde un punto de partida marcado por este mayor compromiso social. Lo que ya hemos podido comprobar es que, aunque hablar de éxodo pueda resultar excesivo, la permanencia del CEO se mueve hacia períodos cada vez más breves

En un reciente informe de Tendencias Globales sobre la permanencia del CEO, elaborado por Thinking Heads, varios expertos arrojaban luz sobre esta tendencia. Daniel Romero-Abreu, presidente y fundador de Thinking Heads, hacía referencia a una innovación cada vez mayor y una aceleración de los procesos de negocios, que requieren de un papel del CEO más dinámico, haciendo de esta disminución de los tiempos de permanencia un fenómeno comprensible. Para Luis Pardo Céspedes, CEO de Sage Iberia y autor de Viaje al centro del humanismo digital, el entorno VUCA (volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad) es sin duda fundamental para comprender esta realidad. 

Los CEO de la actualidad han de adaptarse a este entorno volátil y es precisamente esta volatilidad la que propicia una mayor necesidad de dinamismo. Este dinamismo es sintomático de un contexto cambiante, cuyas consecuencias empezamos a vislumbrar ahora, por ejemplo, en estos  mandatos cada vez más breves.