Según Collins Dictionary —compañía que monitoriza más de 4.5 billones de palabras elaborando listados con las más notables y su evolución— y Oxford Dictionary, el uso del término “fake news” se incrementó en un 365% desde 2016, convirtiéndose en palabra del año en 2017 (el período anterior fue “posverdad”). Asimismo, Gen Summit, la cumbre anual que reúne a más de 750 profesionales de los medios de comunicación para debatir el futuro del periodismo, considera el fenómeno fake news uno de los tres principales retos de 2019. La búsqueda en Google de este término genera más de 900 millones de resultados, casi veinte veces más que “Unión Europea”.

Es evidente que la omnipresencia de las populares fake news en nuestra dieta mediática es una realidad, ya sea porque oímos hablar de ellas, o porque incluso hemos llegado a consumirlas. Sólo durante las pasadas semanas numerosos bulos han circulado en España sobre la situación política en Venezuela.

Esta sobreabundancia de noticias falsas ha llevado a la proliferación de herramientas para tratar de combatirlas, algunas incluso incorporando inteligencia artificial para tan titánica tarea. Y no es de extrañar el porqué. Según un estudio de Oxford Institute, las noticias falsas se comparten ahora más que los contenidos provenientes de medios tradicionales, por no hablar de los memes. Este dato, aparte de preocupante, refleja muy bien el momento actual, donde gigantes como Facebook vinculan ya las bonificaciones de sus empleados a la lucha contra las fake news, mientras WhatsApp elimina 2 millones de cuentas maliciosas cada mes.

Fábricas de noticias falsas, bots, filtros burbuja, polarización de la opinión pública…son muchos los componentes de este fenómeno. En ‘Fake News: la nueva arma de destrucción masiva’, el periodista David Alandete del que Thinking Heads es agente literario, profundiza en la gestación de la desinformación con casos como el Brexit, el independentismo catalán o la trama rusa en Estados Unidos y personalidades como Julian Assange o Vladimir Putin. Alandete señala que, lejos de los elementos que componen las fake news, “es la psicología humana la razón principal del éxito de la desinformación”. Deteniéndose especialmente en el caso español y el referéndum catalán, Alandete detalla, por ejemplo, cómo se gestó la primera noticia falsa alrededor de este conflicto.

Cómo identificarlas

Las fake news nunca son completamente falsas, constan siempre de elementos extraídos de la realidad, lo que David Alandete define como una técnica “parasitaria”, en la que estas noticias falsas se alimentan de situaciones ya conflictivas, dando voz a una de las dos versiones, generalmente la más antiglobalista y antiamericana de las dos.

Uno de los principales rasgos de esta desinformación deliberada es el desuso de fuentes. En periodismo, las fuentes son parte primordial de la credibilidad de un medio y sus profesionales. Con las fake news esto no es así, siendo habitual la presencia de fuentes de escaso valor periodístico que expresan generalmente opiniones, que son rápidamente catapultadas a titulares exagerados y opinativos que acaban matizándose con el paso de los días (nunca antes de conseguir la buscada difusión y viralización en redes sociales). A la rápida difusión de este tipo de “noticias” hay que añadir el cada vez más común hábito de hacerse eco de contenidos que el usuario no ha leído. Estudios recientes avalan esta práctica, que otorga a los titulares más poder informativo que nunca. Ello permite a los artífices de la manipulación obtener sus miles de interacciones y visualizaciones de este contenido, que aún desmentido más tarde, nunca podrá ser contrarrestado del todo.

A la presencia de fuentes poco fidedignas y titulares rotundos y tendenciosos se suma la ausencia de firmas en muchos de estos artículos, esquivando de este modo cualquier responsabilidad al respecto de lo que se informa. Tampoco busquen fe de errores, no la encontrarán. No olvidemos el uso de imágenes o vídeos pertenecientes a otros hechos noticiosos, todo un clásico de las fake news.

Por todo ello numerosos servicios de fact-checking se han popularizado en todo el mundo. En España, el portal Maldito Bulo es uno de los más conocidos, del cual la Comisión Europea ha recibido asesoramiento, como parte del grupo de expertos formado para afrontar el problema de las noticias falsas, al que califican de “dañino para la sociedad y los ciudadanos”.

Lo que está por venir

En definitiva, convivimos con las fake news, así como con los desinformadores tras ellas. La solución, si es que existe, pasa por desarrollar no sólo instrumentos más sofisticados para la detección y refutación de las mismas, sino por equipar a la sociedad con estas mismas herramientas cognitivas para convertir al ciudadano en el primer filtro ante lo pernicioso de esta desinformación deliberada. Precisamente el informe final de la Comisión Europea para afrontar las fake news, publicado el pasado año 2018, concluyó que el empoderamiento de ciudadanos y periodistas y la promoción de la alfabetización mediática e informativa son vitales para contrarrestar la desinformación y, en definitiva, para presentar batalla en conjunto a las fake news.