Claves

  • Los países más poblados de América Latina celebran elecciones este año y los movimientos populistas de derecha ganan terreno. ¿Quiénes son los representantes de esta tendencia? ¿Qué posibilidades tienen?
  • Factores a tener en cuenta: el lento crecimiento económico de la región, los casos de corrupción y los problemas de inseguridad ciudadana. ¿Podrían servir para explicar el giro en las preferencias electorales?
  • Las Iglesias evangélicas han crecido exponencialmente en Latinoamérica. ¿Qué papel juegan dentro del fenómeno populista conservador?

 

Populismo de derechas

El futuro de América Latina se va a forjar a golpe de elecciones. En pocos meses, los cuatro países más poblados de la región celebran comicios presidenciales. Tras un periodo dominado por la “utopía regresiva”, concepto utilizado por Fernando Cardoso para referirse al ascenso de los populismos de izquierda, la elección de Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile y Pedro Pablo Kucynski en Perú, parecía evidenciar un giro hacia apuestas liberales. Sin embargo, los últimos acontecimientos y las tendencias demoscópicas indican que los movimientos populistas de derecha llegan a la recta final con opciones.

Fabricio Alvarado, un predicador evangélico con un discurso extremadamente conservador, llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, siendo el candidato más votado en la primera el pasado mes de febrero. En Brasil, el exmilitar Jair Bolsonaro podría tener opciones: las encuestan muestran que solo sería superado por Lula, actualmente encarcelado. Bolsonaro ha recibido el apoyo de miembros de la cúpula militar brasileña en las últimas semanas y el propio candidato no duda a la hora de elogiar el régimen dictatorial que gobernó Brasil hasta el año 1985. En Colombia, el gobierno de José Manuel Santos cosecha elogios internacionales, pero Iván Duque, avalado por el expresidente Álvaro Uribe, es el favorito para ganar las elecciones presidenciales con un discurso crítico con el tratado de paz firmado con las FARC.

Cambio político en América Latina: ¿a qué se debe este fenómeno?

Es muy difícil atribuir a un único factor el ascenso de los movimientos populistas conservadores que va a llevar a un cambio político en América Latina. El carácter volátil de su economía, muy vinculada a los precios de las materias primas que exportan y a la disponibilidad de préstamos que llegan del exterior, acentúa la inestabilidad cíclica de América Latina. Como señala Michael Reid, editor senior de The Economist, “tras varios años de un crecimiento económico débil, las clases medias han visto frustradas sus expectativas”. Además, con el 8 % de la población mundial, América Latina registra el 33 % del total de homicidios del planeta. Los problemas de seguridad, endémicos en México y al alza en Brasil, son utilizados para articular discursos duros. Bolsonaro suele repetir en sus actos que “el mejor delincuente es el delincuente muerto”.  

Pero el lento crecimiento económico y la inseguridad ciudadana no son las únicas variables explicativas del giro en las preferencias electorales que pueden llevar al cambio político en América Latina. La corrupción, con los tentáculos del caso Odebrecht abarcando prácticamente toda la región, ha marcado un regreso a posiciones de cuestionamiento del sistema democrático que recuerdan al momento populista bolivariano. Según el Financial Times, sólo el 53 % de los latinoamericanos creen que la democracia es la mejor forma de gobierno, el índice más bajo en una década.  

En la misma línea, The Economist señala que la preocupación por la corrupción es la más alta en los últimos 15 años. Pedro Pablo Kucynski tuvo que dimitir en Perú, un país en el que todos los expresidentes vivos están presos, prófugos o están siendo investigados, y donde el fujimorismo es una opción política con opciones. La campaña mexicana transcurre entre acusaciones de corrupción hacia el segundo candidato en las encuestas, Ricardo Anaya, y el desgaste, también por acusaciones de corrupción, del PRI. Todo ello, está propiciando que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tenga buenas expectativas.

El factor religioso

América Latina no es una excepción dentro del fenómeno global de fragmentación partidista y de declive de los partidos tradicionales. Los outsiders se encuentran cómodos en un clima que conduce, según ellos, a la decadencia moral. Javier Corrales, profesor en Amherst College, explica cómo las Iglesias evangélicas, que tras un crecimiento asombroso en las últimas décadas engloban al 20 % de la población latinoamericana, están cambiando el mapa político.

Apoyados en una novedosa alianza con la Iglesia católica frente a lo que denominan “ideología de género”, han encontrado en los partidos conservadores una vía de acceso a los votantes de la clase media-alta, ampliando así su electorado desde los estratos más pobres. Incluso AMLO, la posible excepción al avance de los populismos de derecha, ha llegado a un acuerdo con el Partido Encuentro Social, contrario al matrimonio de personas del mismo sexo y al aborto legal.

Nada está escrito sobre el cambio político en América Latina. La doble vuelta de los sistemas presidenciales tiende a protegerse de opciones extremistas y los expertos coinciden en remarcar la madurez de la sociedad civil latinoamericana, más formada y más crítica con la corrupción que hace algunos años. Hasta el momento, solo Nicaragua y Venezuela parecen avanzar hacia modelos autoritarios. Tendremos que esperar.