Este mes de mayo la atención política y mediática mundial ha estado centrada en las elecciones presidenciales francesas o las recientes en Irán. Pero, indican algunos analistas, ha habido unas elecciones más importantes aún: las elecciones en Corea del Sur. Frente a Macron, que no deja de ser partidario del status quo, o Irán, donde ha salido reelegido presidente Hassan Rouhani, las elecciones en Corea del Sur pueden suponer un cambio político importante en la región y, potencialmente, con impacto en la geopolítica mundial.

Claves

  • Tras unos casos de corrupción destapados por los medios, protestas masivas y pacíficas, el impeachment y la destitución del Presidente, se celebraron nuevas elecciones que han llevado a la presidencia a un outsider de izquierdas, Moon Jae-in.
  • A nivel internacional, propone recuperar “la política del sol”, que buscó la cooperación y acuerdo con Corea del Norte y llevó aparejado el surgimiento del antiamericanismo en el país.
  • Se separa así y gana autonomía frente a EE.UU e intenta recuperar sus maltrechas relaciones con China. Las consecuencias para la política global en una zona geoestratégicamente muy relevante son variadas.

Las elecciones en Corea del Sur: La democracia sigue funcionando

Justo en el 30º aniversario de la primera elección presidencial democrática en Corea del Sur, se celebraron unas elecciones anticipadas. Los motivos sonarán familiares a muchos: En primer lugar, los medios destaparon casos de corrupción y sobornos en el entorno del entonces presidente Park Geun-hye. De ahí surgieron protestas y un juicio que llevó al impeachment y la destitución del presidente. En este contexto, emergió la figura de Moon Jae-in, un antiguo abogado de derechos humanos con un fuerte programa anticorrupción y un triunfo inesperado –hace únicamente siete meses– de este candidato de izquierdas.

La democracia liberal está en crisis, con populismos que se aprovechan de disfuncionalidades de los propios sistemas. Pero, dice Ishaan Tharoor en el Washington Post, Corea del Sur nos ofrece un gran ejemplo y recordatorio de cómo el poder del pueblo sigue vivo.  

Consecuencias regionales y globales de las elecciones

Estas elecciones  son importantes por las consecuencias regionales y globales que pueden tener. A nivel interno, Moon se ha presentado con un programa de regeneración, transparencia y estímulo económico. Como indica el profesor Lee Jong-Wha en Project Syndicate, el programa interno de Moon es ambicioso pero complejo de llevar a cabo aunque “tras el escándalo político […] se está desarrollando un momentum para las reformas en Corea del Sur”. Pero es a nivel regional, internacional y de seguridad donde su llegada puede ser más rompedora con ciertos equilibrios recientes.

 

  1. Relación con Corea del Norte y Estados Unidos

Este es uno de los temas más relevantes para la seguridad global. Lógicamente, Corea del Sur juega un papel fundamental. Moon ha prometido rescatar la “política del sol”, indican Max Fisher y Amanda Taub en el New York Times, que busca más el acuerdo, negociación y colaboración con su vecino del Norte frente a la política de confrontación directa que auspicia la actual administración americana. Esta política supone que Corea del Sur quiere volver a ganar una cierta autonomía con respecto a Estados Unidos.

La “política del sol” se llevó a cabo entre 1998 y 2008, el único período anterior en el que gobernó la izquierda. Este período fue difícil en las relaciones entre Corea y EE.UU: sus relaciones empeoraron mientras mejoraron con su vecino del Norte, incluyendo la construcción del Complejo Industrial Kaesong –que cerró el enero de 2016 por los ensayos nucleares–.

En esta época surgió también el anti-americanismo en la sociedad coreana. El mejor ejemplo de esta creciente animadversión lo dio el entonces presidente Barack Obama al anular su asistencia  al concierto del cantante surcoreano PSY, famoso por su  “Gangnam Style”, cuando se mostró un concierto de 2004 donde cantaba: “matad a esos yankees que han torturado a prisioneros iraquíes” y “Matad a sus hijas, madres, nueras y padres. Matadlos a todos lenta y dolorosamente.” Como indican Fisher y Taub, este fue el pico de antiamericanismo y –aunque hubo diferentes factores– la política del gobierno izquierdista jugó un papel relevante.

Consciente de estos precedentes, el presidente Moon ha sido cauto a la hora de establecer determinadas prioridades políticas y enfatizando la importancia de su alianza con EE.UU.. Ahora bien, defiende la “política del sol”.

  1. Escudo antimisiles, EE.UU y la relación con China

Esta creciente autonomía respecto a Estados Unidos tiene su mayor ejemplificación en el escudo antimisiles –THAAD por sus siglas en inglés–, que se aprobó y desplegó por el anterior presidente sin las necesarias cautelas y que Trump –en su  línea– dijo que pagaría Corea del Sur.

El nuevo Presidente se ha distanciado de esta iniciativa que ha perjudicado –y mucho– su relación con China. Desde la perspectiva China, indica Xiao Xin en el Global Times, el nuevo presidente podrá mejorar la relación económica y comercial con China. Esto es fundamental puesto que China es el mayor socio comercial de Corea y supone aproximadamente un cuarto de su comercio exterior y –por otra parte– Corea del Sur es el cuarto socio de China.

De hecho, Krisint  Huang en el South China Morning Post hace notar que China no ha invitado a Corea del Sur a su conferencia sobre la Nueva Ruta de la Seda, que prevé inversiones millonarias en infraestructuras y comercio. Además, múltiples empresas –dice el SCMP– han pedido que se deje de hacer negocios con sus contrapartes surcoreanas.

 

La importancia de las elecciones en Corea del Sur

La inesperada victoria de Moon supone una serie de cambios regionales que son fundamentales para la región. Teniendo en cuenta el desafío nuclear que supone Corea del Norte, el papel de Corea del Sur, China y Estados Unidos es fundamental. La nueva política más autónoma con respecto a EE.UU. del Presidente Moon puede tener efectos en la política hacia Corea del Norte y la influencia de EE.UU. en la zona, justo en un momento en el que China está intentando posicionarse ante el previsible repliegue –comercial, económico y en términos de soft power–.de Estados Unidos.

Además, China está muy atenta a la nueva política de Moon. Al fin y al cabo, las relaciones económicas y comerciales entre ambos países son intensas y China es el único gran apoyo que tiene el régimen de Pyongyang con el que comparte una gran frontera.

Vemos cómo el papel de los medios, la protesta pacífica, el buen funcionamiento de las instituciones y el cambio de políticas de un nuevo gobierno pueden tener efectos profundos no sólo en la política interna sino –especialmente– en  la política regional y global.