Existe un problema de legitimidad entre los jóvenes y la democracia. Una propuesta política para poder empezar a revertirlo sería reducir la edad de voto a los 16 años para que los jóvenes se incorporen antes -y mejor- a la participación política. Pero se ha debatido en muchos países últimamente con escaso éxito.

Claves

  •  Existe un debate constante en todo el mundo sobre la idoneidad o no de reducir la edad de voto.
  •  En muchos casos se considera que los jóvenes de cierta edad –normalmente 16 años– no están preparados emocionalmente para votar o tienen temor a romper el statu quo. Se suele decir que los jóvenes son más de izquierda, o anti-establishment, o de una religión determinada.
  •  El problema de fondo es que los jóvenes no votan o lo hacen muchísimo menos que los de mayor edad. Las consecuencias: partidos que se preocupan más por los ancianos y jóvenes, desencantados con la democracia.
  •  Plantear el voto a los 16 años es una buena opción –aunque no la única– para intentar revertir el desencanto con la democracia.

Como indica The Economist existen umbrales de edad muy diversos para beber, fumar, tener relaciones sexuales, trabajar, conducir, pagar impuestos, ir a juicio y a la cárcel… pero, en cambio, existe casi unanimidad en la edad para votar: los 18 años.

 

Fuente: Wikipedia – https://en.wikipedia.org/wiki/Voting_age#Voting_ages_around_the_world, CC BY-SA 4.0, https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=51341674

El voto a los 16 años es un debate que surge periódicamente en diversos países pero que normalmente acaba en la inacción ya que se tiende a argumentar que a los 16 años los posibles votantes son muy inmaduros. En Europa, sólo en Austria (2007) lo aprobó, también en algunos Lander alemanes o en Eslovenia con limitaciones. En América hay más casos con el pionero Brasil, Argentina o Ecuador.

Pero, como indica el propio The Economist, el verdadero problema no es ese, sino que los jóvenes no votan.

 

Si los jóvenes no participan se produce un desencanto y no se fomenta el hábito de participar. Si la participación es cada vez menor en los jóvenes, por mucho que ésta pueda aumentar según avanza la edad, el problema de legitimidad puede ir en aumento.

 

Como indica The Economist, el desencanto de los jóvenes puede tener distintas causas:

  1.     Ven votar como una elección, no como un deber o un privilegio.
  2.     El activismo juvenil se canaliza más en temas concretos que en la militancia partidista.
  3.     Los políticos buscan el voto anciano porque son los que más votan y son cada vez más.

Además, el aumento de la esperanza de vida nos lleva a que cada vez más las cohortes más ancianas estarán más pobladas. Por ejemplo, como indican Japan Times, uno de cada cuatro votantes japoneses tiene más de 65 años.

 

Se debatió y se rechazó 

En diversos países se ha discutido recientemente la posible modificación de la edad de voto. En Ciudad de México se discutió introducir el derecho de voto pasivo a los 16 años, es decir, poder votar pero no ser elegidos. Finalmente, aunque obtuvo 48 votos a favor y 35 en contra, se necesitaba una mayoría cualificada de dos tercios. Los partidos de izquierda (PRD, MORENA) estaban a favor mientras que los más institucionales como el PAN o el PRI votaron en contra. El eje contestatario-institucional parece tener un peso importante.

 

En Corea del Sur, el Partido Democrático de Corea, principal partido de la oposición, quiere también que se reduzca la edad de voto de los 19 a los 18 años. Como indica Woo Sang-ho, unos de sus líderes en el Korea Herald, “entre los países de la OCDE, Corea es la única nación que tiene estipulado el derecho de voto a los 19”. Existen diversas proposiciones en el parlamento para reducir la edad de voto –y el voto de los residentes en el extranjero. Aun así, en intentos anteriores, el gubernamental partido liberal, de ideología conservadora, se opuso. Las encuestas muestran una creciente división política entre los jóvenes, más de izquierdas, y los mayores, más de derechas.

En el Líbano en 2010 también se debatió y no se bajó la edad –de 21 a 18–. El motivo principal fue la gran fractura entre católicos y musulmanes, puesto que se consideraba que la bajada de edad beneficiaría a estos últimos.

En España, en noviembre de 2016 se rechazó la toma en consideración de una propuesta de ley que pedía ampliar el voto a los 16 años. Propuesta por Esquerra Republicana de Cataluña, y con votos a favor de todo el espectro de la izquierda, votaron en contra los partidos de la derecha, incluido el PP, C’s o el PNV, entre otros. De nuevo, el eje izquierda-derecha.

 

¿Por qué el umbral de 16 años?

La idea merece ser tenida en cuenta. En muchos países la edad de voto, los 18 años, coincide también como una edad de emancipación: se suele finalizar –si no antes– la escuela obligatoria, los jóvenes comienzan a vivir fuera del hogar familiar y, en definitiva, son mucho más autónomos. En cambio, con 16 años, la socialización del voto, el aprendizaje, se realizaría de la mano de los padres y en la propia escuela.

Como indica The Economist, en el referéndum de independencia de Escocia, donde el umbral del voto se bajó excepcionalmente a los 16 años, el 75 % de ellos votaron  –frente al 54 % de los jóvenes entre 18 y 24 años–.  En Austria, único país europeo donde se vota desde los 16, votan también más que los de 19-25.

Además, es una reivindicación de los propios jóvenes. Como indica Le Monde, en Francia, la Unión Nacional de Liceos realizó una votación entre diciembre de 2016 y este enero en más de 300 liceos y donde han participado 57.000 alumnos. El 62 % son favorables a extender el derecho de voto a los 16 mientras que el 38 % se oponía. Como indica su vicepresidente, Giuseppe Aviges, “este escrutinio muestra que la juventud quiere hacerse oír a través de las urnas”. Esto adquiere mayor relevancia debido a las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias en Francia (abril-mayo y junio, respectivamente) y donde varios candidatos lo llevan a su programa, tanto a la izquierda, con Jean-Luc Mélechon como los Republicanos de François Fillon en la derecha. De hecho, incluso las primarias de la izquierda de enero, como las de la derecha en noviembre o los ecologistas en septiembre permitieron su participación con algunas condiciones.

En conclusión, reducir la edad del voto no es suficiente pero puede ser un primer paso para intentar revertir el abstencionismo de los jóvenes incluyéndoles antes en la toma de decisiones del proceso político, garantizando una creciente participación en el medio y largo plazo y mejorando así la legitimidad de la democracia.