Colaboración intersectorial sin renunciar a unas métricas que ayuden a cumplir objetivos.

De estudiante, toqué el clarinete en la orquesta sinfónica de mi instituto en Texas. El cometido como instrumentista se limita a seguir, dentro de la sección, las indicaciones del director. Sólo recientemente, desde que dirijo una organización, he comprendido el papel clave del conductor de orquesta como máximo responsable del resultado musical.

Para ello, el director coordina o hace converger el esfuerzo de varios  músicos, además de aportar su visión al interpretar una partitura. Su oído crítico le permite hacer los cambios necesarios para que la orquestación se acerque todo lo posible a la que estima óptima para la obra.

En Achieve Atlanta, una organización sin ánimo de lucro que persigue el éxito académico y profesional de los jóvenes de la ciudad, involucramos a entidades muy diferentes como colegios, universidades u otras ONGs. Todos ellos trabajan de manera consciente; persiguiendo el mismo objetivo. Para asegurar un trabajo eficaz, los resultados de cada parte implicada son monitoreados por Achieve Atlanta, que lidera y coordina este auténtico ejercicio colectivo de colaboración intersectorial.

¿Cuáles son los pasos para gestionar un proyecto con éxito?

1. Definir los objetivos

El conductor decide el tempo o la predominancia de cada instrumento a la hora de interpretar la pieza. Para cualquier persona a la cabeza de una empresa, lo primero es definir su objetivo. En el caso de Achieve Atlanta está claro: proveer servicios y becas a los estudiantes de la ciudad para que consigan un grado medio en un máximo de seis años después de terminar la Educación Secundaria Obligatoria.

2. Hacer un análisis de oportunidades, pero también de riesgos

En este estadio deben contemplarse los obstáculos que se interponen delante del objetivo. Nosotros afrontamos tres problemas: 

  1. Voluntad de los estudiantes para acceder a la universidad
  2. Poder adquisitivo para pagar las tasas universitarias
  3. Compleción del grado medio universitario.

3. Diseñar un plan de acción

Una vez que los objetivos y los obstáculos han sido identificados, el director se encuentra listo para diseñar su plan de acción. En el caso de nuestra ONG consiste en dirigir la inversión hacia tres direcciones estratégicas para que:

  1. Los institutos inviertan recursos con el fin de motivar a los estudiantes a inscribirse en la universidad al acabar la escuela secundaria
  2. Los estudiantes accedan a ayuda financiera
  3. Las universidades inviertan recursos para que los estudiantes obtengan un grado medio.

4. Gestionar equipos multidisciplinares

Recuperando el símil del concierto, de la misma manera que los instrumentistas de cada una de las cuatro secciones se esmera en tocar la melodía con la única finalidad de que la música suene de manera óptima, en Achieve Atlanta las partes implicadas en el proyecto socio-educativo son de distinta naturaleza. 

La ONG se divide, entre otras, en comisiones pedagógicas de institutos, equipos de orientación de universidades y organizaciones sin fines de lucro. Así, la cooperación intersectorial es todo un reto y también una satisfactoria suma de fuerzas diversas, pero complementarias. Tanto como, supongo, dentro de una empresa lo son el departamento Legal, que se encargará de dar forma al documento marco, al equipo de Compliance, que analizará si el objetivo perseguido sigue la línea de la organización, y el responsable de Tecnología, que aportará el software necesario para que el objetivo pueda cumplirse.

5. Medir de forma continua los resultados

Finalmente, para asegurar una progresión certera y exitosa hacia la meta, es importante hacer un seguimiento de los resultados. Para ello es imprescindible que cada parte involucrada responda por sus acciones y comparta de manera transparente los datos que se hayan acordado como los indicados para cuantificar los progresos.

El logro de Achieve Atlanta es el creciente número de jóvenes que están obteniendo un título secundario en la ciudad. Esto me afianza en la creencia de que los proyectos deben dirigirse como una orquesta; consiguiendo que el esfuerzo intencional y coordinado de los copartícipes genere una motivación colectiva que, concretizada en cifras y hechos, se traduzca en un éxito seguro.

¡Que suene la música!