El presidente Donald Trump ha decidido retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Las reacciones han sido múltiples y variadas. Pero si algo ha puesto de manifiesto esta posición política es mostrar cómo múltiples actores, desde otros Estados, hasta ciudades, regiones, empresas y socie dad civil, siguen (aún) más comprometidos con las distintas políticas contra el cambio climático. Entonces, ¿qué consecuencias puede tener la nueva posición del presidente Trump?

Claves

  • La salida de EE.UU. del Acuerdo de París ha desatado críticas de todo tipo pero, ¿es realmente tan relevante para la lucha contra el cambio climático?
    • Dentro de EE.UU. han florecido iniciativas a nivel estatal, local y de las grandes empresas para seguir adheridas a los principios y compromisos del Acuerdo, a pesar de su gobierno federal. De hecho, la política climática en muchos casos se implementa a nivel de ciudad o subestatal, por lo que su papel es sin duda central.
  • Además, las propias empresas ven un cambio en el modelo y una oportunidad de negocio en las políticas de cambio climático y seguirán apoyándolas.

 

¿Es realmente tan grave que EE.UU. se retire del Acuerdo? Como indica Bjørn Lomborg en Project Syndicate, esta retirada de “EE.UU. deja al país sin una política contra el cambio climático. Esto es alarmante”. Pero también cree que la respuesta del mundo “redoblando” la apuesta contra Trump tampoco es la correcta.

Lomborg identifica dos respuestas a la decisión de Trump. Por un lado, los que le acusan de limitar la capacidad de resolver la crisis climática o dejar un  mundo más sano o mejor a nuestros hijos. Por otro lado, están aquellos desafiantes que creen que las tecnologías renovables han llegado a un punto de no retorno que lleva a la transición energética.

Él ofrece una tercera visión: abandonar los Acuerdos de París no supone un riesgo para el planeta puesto que en sí mismo “este acuerdo poco hace para resolver el calentamiento global”. Incluso aunque se cumplan los criterios establecidos, se estará aún lejos de las reducciones necesarias, y reconocidas por los propios científicos en la ONU, para contener el incremento de la temperatura por debajo de 2º C, el objetivo principal del acuerdo. Pero, finaliza Lomborg, aunque este hecho es reconocido por los propios científicos y así se mostró en la firma del acuerdo, han decidido “olvidarlo” para criticar a Trump.

 

¿Quién se va del Acuerdo, Estados Unidos o el Gobierno Federal?

Toda política compleja en un estado complejo  –y la política de cambio climático y los EE.UU. lo son– depende de la coordinación de múltiples niveles de gobierno (central, estatal, local), del sector privado (empresas) y la sociedad civil (incluyendo universidades, ONGs, etc.). Salirse del Acuerdo de París no es tan directo y evidente.

Esto se ha demostrado claramente tras el anuncio de la decisión de Trump.  

Las grandes empresas

A veces se tiende a pensar que son las grandes empresas y sus intereses económicos las que se oponen a leyes restrictivas en materia medioambiental: más regulaciones, inversiones, costes, pérdida de competitividad, aumento de precios. Pero esto parece haber cambiado. Ya antes de que el presidente hiciera pública su nueva posición, algunos de los CEOs de las principales compañías estadounidenses fijaron su posición. En una carta abierta a Trump pedían que EE.UU. continuara liderando el Acuerdo de París porque “el cambio climático presenta a las empresas de EE.UU. tanto con riesgos como oportunidades de negocio”. Además, defienden que para estas compañías la participación es beneficiosa porque:

  • Mejora la competitividad: al asegurar un mejor equilibrio global en el esfuerzo, reduciendo así los posibles desequilibrios competitivos para las compañías americanas.
  • Apoya una inversión con sentido: al fijar objetivos de largo plazo y mejorar la transparencia.
  • Crea trabajo, mercados y crecimiento: ampliando el mercado para tecnologías innovadoras y limpias.
  • Minimiza costes: puesto que el acuerdo incentiva implementaciones basadas en el mercado.
  • Reduce los riesgos para los negocios: al ser acuerdo para el largo plazo.

Concluyen: “Como negocios estamos preocupados por el bienestar de nuestros consumidores, inversores, proveedores, estamos fortaleciendo nuestra resiliencia climática y estamos invirtiendo en renovables, eficiencia, nuclear, biocombustibles, captura de carbono y otras tecnologías innovadoras que nos ayuden a conseguir la transición hacia una energía limpia”. Hay inversión, hay mercado, hay negocio.

Como indican George Schultz y Ted Halstead en el New York Times, las acciones llevadas a cabo por muchas de las mayores empresas de EE.UU para seguir en los Acuerdos de París han conseguido una coalición de una amplitud notable: industrias desde el petróleo y gas, retail, mineras, energéticas, agricultura, químicas, información y automoción. Como indican los autores “esto es lo más cercano a que las grandes empresas s e acercan a una posición de consenso”.

 

Los Estados  

Como indica Naill McCarthy, a principios de junio “1.219 gobernadores, alcaldes, negocios, inversores y universidades en todo el país declararon su intención de continuar los pasos esbozados en París pasando a formar parte de la coalición “We are still in” [seguimos dentro]”. En otra carta abierta a la comunidad internacional y a las Partes del Acuerdo de París, destacan un aspecto importante: “En los EE.UU, son los gobiernos locales y estatales, junto con las empresas, los responsables primarios de la dramática caída de las emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos años. Las acciones de cada grupo se multiplicarán y acelerarán en los próximos años, sin importar qué políticas adopte Washington”.

Así, se comprometen a trabajar conjuntamente para asegurar “que EE.UU. siga siendo un líder global en la reducción de emisiones”.

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Otra iniciativa es la Alianza Climática de Estados Unidos, encabezada por los estados de Nueva York, California y Washington que han anunciado que seguirán persiguiendo los objetivos de los Acuerdos de París sin ayuda federal.

Las ciudades también se han involucrado, como indica Time. Estas también tienen un control importante sobre cómo la energía es utilizada en su jurisdicción. Así, más de 70 alcaldes de ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Houston mostraron su compromiso con los objetivos de los acuerdos de París. De hecho, indica que “más de 30 ciudades en el país, desde Orlando a Salt Lake City, se han comprometido a obtener el 100% de su energía de fuentes renovables”.

Por último, uniendo estados, ciudades y sociedad civil, el antiguo alcalde de Nueva York y conocido empresario de la comunicación, Michael Bloomberg, anunció el America’s Pledge (El compromiso americano) con una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, donde indica que “el grueso de las decisiones que dirigen la acción sobre el clima en los EE.UU. a nivel agregado son tomadas por ciudades, estados, negocios y la sociedad civil. El papel federal, idealmente, es el de coordinar y apoyar esos esfuerzos”. Pero sin su apoyo, el resto de actores se comprometen a redoblar esfuerzos. Y de paso, Bloomberg, que es también Enviado Especial del secretario general de la ONU para Ciudades y Cambio Climático, se compromete a pagar a través de su fundación los 15 millones de dólares que el gobierno americano dejará de abonar a la convención de la ONU sobre cambio climático.  

¿Se refuerza el compromiso con el cambio climático?

La unión interna en EE.UU. de estados, ciudades, sociedad civil y empresas y su compromiso para con las políticas de cambio climático pueden limitar el posible impacto de la salida formal de EE.UU. del Acuerdo. Además, los grandes países del mundo, incluyendo los de la UE y China, redoblan su compromiso. Por tanto, las consecuencias pueden ser reducidas. Existe ya una dinámica donde la tecnología está disponible, es rentable, existe demanda de energías renovables y los inversores ven oportunidades de negocios allí. Bien es cierto que en algunos sectores concretos puede que esta decisión suponga un retraso en la adopción de medidas necesarias. Como indica Laurence Tubiana en Project Syndicate “el error histórico de Trump podrá ponerle obstáculos a esa acción colectiva, pero no detenerla”.

El resto del mundo y, como hemos visto, muchos actores relevantes en EE.UU., continúan manteniendo un fuerte compromiso. La pregunta final entonces es, ¿será esto suficiente?