La idea de Smart City lleva años desarrollándose, pero en cada ciudad o región, el modo de entenderla y desarrollarla, los programas que se llevan a cabo, la relación con los ciudadanos, la tecnología y el entorno es distinta. Parece que en muchos casos los avances han sido bastante inconexos, incluso en la propia estrategia de cada ciudad. Pero el impacto de la tecnología y del creciente proceso de urbanización hace cada vez más necesario tener ciudades inteligentes. Pero ¿qué son? Y, sobre todo, ¿hacia dónde van?

Claves

 

  • Cualquier ciudad, independientemente de su tamaño, riqueza o región puede ser inteligente: se trata de tener una estrategia y utilizar los avances tecnológicos y los datos para gestionar mejor y proporcionar nuevos servicios en la ciudad.
  • A pesar de que es una idea de largo recorrido, no existe un marco común de referencia y en muchos casos, las estrategias de Smart City son parciales: ciertos sectores quedan fuera, al menos por el momento.
  • Las últimas tendencias muestran la necesidad de la co creación con los ciudadanos y la sociedad civil, con especial foco en la equidad e inclusión.

 

La importancia de una estrategia global

Uno de los aspectos fundamentales del concepto de Smart City es que cualquier ciudad puede aplicar sus estrategias, independientemente de su tamaño, riqueza o región. De hecho, el reciente informe de la consultora Roland Berger  “El desarrollo de la Smart City”, que analiza la estrategia de Smart City en 87 ciudades, muestra que las ciudades con mejor puntuación son muy diversas entre sí en lo que respecta a riqueza, tamaño o región. No se trata de ser rico o grande, se trata de ser inteligente.  

Uno de los resultados más sorprendentes del estudio es que, a pesar que el concepto Smart City lleva aplicándose ya hace años, las estrategias de las ciudades son bastante inconexas y muestran una falta de metodología global que tenga en cuenta los múltiples y diversos aspectos que el concepto de Smart City supone. De hecho, sólo 19 de las ciudades analizadas puntúan más de 50 sobre 100. ¿Por qué?

Aunque entran en juego múltiples factores, el estudio muestra una serie de aspectos relevantes. En primer lugar, las estrategias están enfocadas únicamente a unos pocos sectores. Suelen enfatizar temas relacionados con la movilidad, energía y gobierno mientras que prestan mucha menos atención a otras áreas cruciales como la educación, la salud o la vivienda. Aunque pueden tener sentido priorizar las acciones, es necesario no perder de vista el marco global de actuación.

En segundo lugar, la digitalización es compleja y requiere una gran coordinación entre departamentos y otras muchas estructuras que son necesarias para ir hacia una Smart City. En muchos casos se ha visto que existen numerosos silos, incluso dentro de la propia administración. Así, las principales ciudades en el índice han creado el cargo de Chief Information Officer (CIO) para lidiar con los temas tecnológicos y asegurarse de que todos los implicados puedan coordinarse.

Finalmente, las ciudades con mejor puntuación son aquellas que desarrollan de un modo equilibrado los tres aspectos esenciales de toda estrategia de una Smart City: campos de acción amplios, planificación estratégica y desarrollo de infraestructuras tecnológicas.

Las 15 mejores del ránking
1.      Viena9.      Barcelona
2.      Chicago10.   Denver
3.      Singapur11.   Hong Kong
4.      Londres12.   Tokio
5.      Santander13.   Bristol
6.      Nueva York14.   Rio de Janeiro
7.      Paramatta15.   Seattle
8.      Seúl

Fuente: Roland Berger

Estrategias de Smart City publicadas por año

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Fuente: Roland Berger

Smart City y nuevos servicios: Algunos ejemplos

Como indica Michael Totty en el Washington Post, “las ciudades no pueden ser consideradas aún como genios. Pero se están volviendo inteligentes muy rápido”. ¿En qué sentido? En los últimos años, las administraciones locales han comenzado a utilizar la gran cantidad de datos a su disposición –como ingresos, robos, tráfico, enfermedades y un largo etc.– para intentar gestionar los problemas de la vida diaria. Y con ello, con políticas mucho más afinadas gracias a estos datos, se está cambiando el modo en que se rigen las ciudades. Estos datos se utilizan de distintos modos.

  1. Anticiparse a los problemas

Quizá es el modo más innovador del uso de los datos. Por ejemplo, a pesar de su descenso, siguen muriendo muchas personas en incendios en edificios (2.685 en EE.UU en 2015). Está demostrado que la presencia de detectores de humo ayudan a prevenir muertes, reduciéndolas en un 50 %. Nueva Orleans aplicó un nuevo sistema. Hasta hace poco, los detectores se entregaban “a petición de los ciudadanos”. Ahora, con el uso de datos del censo y otras variables como presencia de niños o ancianos, datos históricos sobre incendios y el uso de técnicas de machine learning, se puede realizar un mapa donde se mostraba la probabilidad de que haya fuegos en un edificio para así poder ver si tenían detectores de humo y si no, enviarlos a aquellos donde puede tener un mayor impacto.

Otro ejemplo podría ser el control sanitario de los restaurantes en Chicago. Con una plantilla de unas 36 personas para controlar 15.000 restaurantes, una serie de datos y variables permiten analizar qué establecimientos pueden plantear más problemas sanitarios y actuar en consecuencia. Los datos muestran un aumento de “violaciones críticas” de la normativa –aunque las quejas por intoxicaciones alimentarias se ha mantenido estable–.

  1. Sensores: En todo

A través del Internet de las Cosas se puede monitorizar múltiples aspectos de la vida y de las ciudades a través de los sensores, desde tuberías para prevenir filtraciones de agua, los contadores inteligentes para hacer seguimiento del uso de la energía, o los datos de los parquímetros.

Kansas City ha desarrollado un programa pionero que, a través de sensores en su calle principal, utiliza el vídeo para obtener información sobre el tráfico, lugares libres para aparcar, el movimiento de los peatones –útil por si alguien quiere abrir una tienda en la calle, por ejemplo–, el uso más eficiente de los semáforos, o de la iluminación.

  1. Los ciudadanos como recolectores de datos

Esto tiene una larga tradición. Ahora, con los móviles inteligentes, esto no ha hecho más que reforzarse.  Un ejemplo sencillo y útil: en Los Ángeles, se realizó una visión general del grado de limpieza o suciedad de las más de 22.0000 millas de calles y autopistas de la ciudad. Así, permite tener una mejor visión del problema de la basura en la ciudad. Las calles se han “mapeado” y  cualquiera puede ver el grado de limpieza o suciedad de la misma. Tras un año de programa, las áreas calificadas como “no limpias” se han reducido en un 80%. El sistema de limpieza es también más eficiente e igualitario, puesto que ya no depende únicamente de las quejas.

En Boston, el ayuntamiento se ha unido con la aplicación de mapas Waze para tener una monitorización mejor del tráfico tanto para los usuarios como para el propio ayuntamiento. Así, pueden hacer pruebas controladas para ver cómo gestionar de manera más eficiente el tráfico. Waze tiene 250 acuerdos de este tipo con diversas ciudades.

¿Es la privacidad un freno para la ciudad inteligente?

Marcin Budka, profesor de Inteligencia Computacional en la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) nos proporciona un ejemplo de cómo podría ser la ciudad inteligente para un trabajador: “La alarma de tu smartphone suena 10 minutos antes de lo normal esta mañana. Partes de la ciudad están cerradas para la preparación de un evento de final del verano, por lo que la congestión se espera que sea peor de lo usual. Necesitarás tomar un autobús un poco antes para llegar a tiempo al trabajo.”

La alarma sigue tu rutina, tiene en cuenta la previsión del tiempo (lloverá), el día de la semana (el lunes hay más tráfico), a qué hora te fuiste a la cama…Mientras esperas al autobús, haces check en la parada. Así, el conductor del autobús sabe que hay 12 personas esperando, lo que significa que quizá deba ir un poco más rápido para que todos puedan entrar y el horario previsto no se resienta. Además, la compañía de autobuses ha sido notificada: es necesario enviar un autobús de refuerzo. Una vez llega el autobús, la entrada es rápida: todos tienen el ticket en su móvil, por lo que nadie paga en metálico. Te conectas al wifi para ir adelantando trabajo.

¿Realidad o ciencia ficción? Parece ciencia ficción, pero la verdad es que la mayoría de datos que se requieren ya están siendo recogidos de una manera u otra. Los smartphones ya saben dónde estás, a qué velocidad vas, qué tipo de actividad estás haciendo… Las pulseras y relojes inteligentes monitorizan tu actividad física, mientras que tus redes sociales dicen mucho de tus intereses, gustos e incluso intenciones.

Y con el auge de más sensores y el Internet de las cosas se podrá medir todo. Todos estos datos están ya disponibles, y nuestro entorno está en gran medida monitorizado. Pero muchos de estas bases de datos están fragmentados y diferentes compañías e instituciones las generan y controlan y en muchos casos, no quieren compartirlas.

Ahora bien, todos estos datos ponen el foco en la privacidad. Aunque en muchos casos las ciudades tienen protocolos y políticas que la gestionan y controlan, con  un poco de habilidad se pueden cruzar datos para saber muchísimas cosas de alguien en particular, recalca Totty en el Post. El propio informe de Roland Berger destaca la importancia de la seguridad de los datos: no puede haber una estrategia de Smart City sin el concepto de ciberseguridad. Así, concluye Budka tras su ejemplo de una posible ciudad inteligente en el futuro, “aunque la tecnología está ya aquí, nuestros datos siguen en silos con diferentes organizaciones y con diversos obstáculos institucionales que obstaculizan el camino para conseguir estos niveles de servicio”.  

Si esto es una cosa buena o mala…es cuestión de cada uno.

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