El avance exponencial de los cambios tecnológicos está dificultando el proceso de digitalización de las empresas. Cada vez es más difícil seguir el ritmo de los cambios. Esta dificultad, las dudas que suscita, el impacto en los trabajadores y la necesidad de adaptar la organización son efectos del impacto digital profundos y complejos de gestionar.

Claves

  •  La confianza de los ejecutivos en su inteligencia digital desciende del 67 al 52 %, según el último informe de PwC
  •  Las empresas siguen mayoritariamente a remolque de los avances tecnológicos y no han adoptado estructuras organizacionales más flexibles.
  •  Dos tercios de las empresas consideran más rápido y barato contratar a terceros para sus procesos de transformación digital
  •  La falta de capacitación de los empleados y el síndrome del burnout son dos de los principales riesgos de la digitalización

La inteligencia digital o Digital IQ es un objetivo en movimiento: las tecnologías cambian constantemente y las empresas deben estar en permanente transformación digital para adaptarse a los avances tecnológicos. Si en 2007 la minería de datos, la colaboración online y los buscadores eran el centro de la atención hoy se habla del Internet de las Cosas y de la Inteligencia Artificial como las revoluciones en marcha: el 73 % de las grandes empresas están ya invirtiendo en lo primero y un 54 % en lo segundo.

Sin embargo, según el informe 2017 Global Digital IQ Survey elaborado por PwC, la mayoría de las organizaciones no sólo no están preparadas para mantener el ritmo de los cambios tecnológicos, sino que cada vez son más conscientes de ello: poco más de la mitad de los encuestados (2.216 directivos de 53 países) consideran que el coeficiente de inteligencia digital de su empresa es fuerte. La confianza en las habilidades de una empresa para afrontar el ritmo de los avances tecnológicos ha caído notablemente en un solo año: 67 % de 2015 al 52 % de 2016.

El informe de PwC, que analiza la evolución de la Digital IQ de los diez últimos años, apunta a varios motivos que explicarían la pérdida de la confianza de los directivos. Por un lado, aunque se ha incrementado la percepción del valor que la tecnología aporta al negocio, las empresas siguen sin tener mecanismos para adaptarse rápidamente a los constante cambios e innovaciones; por otro lado, el conocimiento de los ejecutivos y las empresas sobre el mundo digital ha aumentado de forma paralela a la dificultad de las dudas que suscita y las preguntas —como cuál es el papel del trabajador ante el advenimiento de la robotización— se vuelven más difíciles de contestar. Además, son pocas las compañías que se han volcado a redefinir las estructuras organizacionales para adaptarse a la digitalización y prestar atención a los recursos humanos.

Una definición expansiva de lo digital

La definición de lo digital ha evolucionado durante los últimos diez años para abarcar un enfoque más expansivo, pero solo un 6 % de los ejecutivos adhiere al punto de vista que PwC propone como ideal: “Un estado de ánimo que supone innovación constante, toma de decisiones horizontal y la integración de la tecnología en todas las fases del negocio”. Para la mayor parte, o bien se refiere a las actividades relacionadas con la innovación tecnológica (un 32 %), o bien es sinónimo de tecnologías de la información (29 %).

Aumentar ingresos, la prioridad de las inversiones

A día de hoy CEO y CIO, es decir, los ejecutivos que tienen el mayor papel en la transformación digital, están más orientados a la consecución de beneficios y el incremento de los ingresos que a mejorar la experiencia de cliente o innovar los productos y servicios ofrecidos, una perspectiva que el informe valora como “nada sorprendente”.

A pesar de esta visión, la clave del éxito digital entendido como la capacidad de adaptarse al cambio parece no estar en la tecnología en sí misma, sino en la experiencia de las personas con esta, tanto desde el punto de vista del cliente (customer experience) como desde el punto de vista de los empleados de la compañía, que no dejan de ser usuarios de los adelantos tecnológicos que éstas implantan para uso interno. “Clientes, empleados y cultura corporativa continúan obteniendo menos atención que estrategia y tecnología. Este desequilibrio tiene efectos de largo alcance. Crea problemas en el mercado, ralentiza la asimilación de tecnologías emergentes y dificulta el desarrollo de organizaciones que puedan adaptarse continuamente”.

Es una lección que la mayoría las compañías con más éxito han aprendido: un 82 % de aquellas que tienen un mayor aumento de ingresos y margen de beneficio (más de un 5 % en los últimos tres años, con una proyección esperada similar para los tres siguientes) adoptan una definición amplia de la digitalización y cuentan con una estrategia digital que va más allá de la tecnología y el consumidor y apuntan hacia una perspectiva organizacional.

Burnout y falta de capacitación

Centrarse en la experiencia humana puede elevar la inteligencia digital de las organizaciones. La emergencia de las tecnologías como la Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas cambiará de forma fundamental cómo personas y máquinas trabajan juntos.

Esta visión puede paliar la factura que la transformación digital pasa a los trabajadores de la compañía: desde el síndrome burnout, relacionado con la conectividad permanente y el miedo (y la realidad) de perder el puesto de trabajo como consecuencia de la automatización de procesos y la aparición de nuevos agentes disruptivos en el mercado.

Pero el mayor riesgo para los esfuerzos de transformación digital de las empresas y su inteligencia digital es la falta de capacitación de sus empleados en materias que van desde la privacidad y la ciberseguridad al desarrollo de negocio a través de las nuevas tecnologías y el diseño centrado en la experiencia de usuario. La falta de equipos con formación suficiente es una barrera real o emergente para la transformación digital, según el 63 % de los directivos, mientras que los procesos lentos o inflexibles suponen un problema para el 42 %. Por otro lado, también se identifican como obstáculos la falta de integración entre las nuevas tecnologías y las ya implantadas (59 %) y el uso de tecnología desfasada (61 %).

La relación entre los trabajadores de una compañía y sus procesos de digitalización y adopción de tecnologías emergentes tiene otra vuelta de tuerca. Incluso contando con empleados capacitados, un 25 % de las compañías externalizan sus procesos de digitalización porque trabajar internamente resulta demasiado difícil o lento y un 42 % considera más barato utilizar a terceros, una tendencia que se extiende incluso entre las compañías con niveles más altos de inteligencia digital.

¿Qué hacer?

Crear equipos de trabajo multidisciplinares, involucrar a los trabajadores en las iniciativas digitales, formarles en nuevas tecnologías, tomar en consideración las relaciones entre empleados y clientes e involucrar a los directivos directamente en la preparación de los empleados son algunas de las recomendaciones del informe para solventar ese problema de desconexión entre la plantilla de una empresa y sus procesos de digitalización que está frenando el éxito de los negocios en un mundo de cambio.

 

Inteligencia digital: Sí, Pero
  •         SÍ: La digitalización progresa de forma constante: desde 2007 hasta hoy, el índice de inteligencia digital ha aumentado de forma similar en todos los sectores (excepto el agrícola y la minería, que se han quedado atrás).
  •         PERO: Las empresas no están mejor capacitadas para mantener el ritmo de los avances tecnológicos y les cuesta estar al día por la falta de atención a la experiencia de las personas.
  •         La inversión en tecnologías emergentes ha crecido hasta el 17,9 % del presupuesto tecnológico.
  •         PERO: Muy pocas empresas cuentan con un equipo dedicado a explorar las tecnologías emergentes. Recurren a la externalización o a evaluar las últimas herramientas en el mercado en lugar de desarrollar las propias.
  •         SÍ: Los CEO han asumido el liderazgo digital: el número de ejecutivos que decían que el director general era el líder de la transformación digital se ha incrementado de un 33 % en 2007 a un 68 % en 2017.
  •         PERO: La percepción de las habilidades de la organización para sacar provecho de la tecnología ha descendido desde 2007.
  •         El CIO (Chief Information Officer) se ha sentado de forma generalizada en los consejos de dirección. Han surgido nuevos cargos responsables del uso estratégico de las tecnologías como el director digital.
  •         PERO: El resto de directores y miembros del consejo de dirección no están involucrados por completo en los proyectos de digitalización.