El debate sobre robots y empleo va en la misma línea: en el medio plazo, la gran mayoría del trabajo lo realizarán los robots. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Deberán los robots pagar impuestos? ¿Cómo crear trabajo para los humanos? ¿Qué efectos sociales tendrá? ¿Cómo afectará a las personas menos formadas? Pero todo ello se basa en especulaciones y extrapolaciones y no en datos y experiencias reales. ¿Qué podemos aprender de los efectos comprobados de la robotización en el empleo? ¿Y qué aporta al debate más amplio de las consecuencias de la robótica?

Claves

  • El debate sobre los efectos de la robotización en el empleo se basa mucho más en especulaciones a largo plazo que en sus efectos concretos, reales y medibles en la actualidad.
  • Si nos fijamos en la realidad, no está demostrado que los robots tengan un efecto tan profundo en el mercado de trabajo, tal y como lo demuestra una reciente investigación en EE.UU.
  • En cambio, otra investigación ha puesto de relieve un aspecto menos analizado: cómo interaccionan los (ro)bots entre ellos. Y los resultados son sorprendentes: pequeñas variaciones en su programación pueden tener consecuencias profundas.
  • En definitiva: ¿Nos alarmamos en exceso por ciertas cosas mientras obviamos otras consecuencias potencialmente más graves?

 

Robots y empleo: ¿El fin del trabajo humano?

Muchos investigadores están especulando sobre qué podrá pasar cuando lleguen los robots. Y, para muchos, la visión no es muy halagüeña. En un conocido artículo, Frey y Osborne (2013) concluyen que hasta el 47 % de los trabajadores están en riesgo de sustitución por robots en 20 años. La predicción de McKinsey (2016) rebaja esa cifra al 45 %  mientras que el Banco Mundial lo estima –para los países de la OCDE– en un 57 %. Aunque también hay otros que no están de acuerdo: Arntz y otros (2016) consideran que la cifra no sobrepasará el 9% de los trabajadores en la OCDE.

En un reciente artículo que recoge una investigación en curso, los economistas Daaron Acemoglu y Pascual Restrepo han analizado los efectos reales de los robots sobre los empleos en la economía estadounidense entre 1990 y 2007. Según los autores, es indiferente si los robots afectan al 9 % o el 57 % del empleo ya que no existe la garantía de que las empresas reemplacen a los trabajadores por robots. Múltiples aspectos deben ser tenidos en cuenta en esta posible sustitución: los costes de automatización, evolución de los salarios por la amenaza, los aumentos de productividad y su efecto en nuevos empleos en las organizaciones u otras ocupaciones que puedan surgir… Por ello, en lugar de especular, ellos se dedican a analizar qué es lo que realmente ha ocurrido en el empleo con la introducción de robots.

 

Robots industriales por cada 1.000 trabajadores en EE.UU y Europa (1993-2007)

robots-industriales

Fuente: Federación Internacional de Robótica

Su estimación sugiere que por cada robot extra se reduce la ratio población/empleo entre un 0,18 y un 0,34 y los salarios entre un 0,25 % y un 0,50 %. Como indican, el número de robots en la economía americana es relativamente bajo y el número de empleos perdidos por este motivo se limita a 360.000/670.000. Si estos se generalizan como se predice, las pérdidas agregadas serán mucho mayores. Según BCG (2015), en su escenario “agresivo”, para 2025 el número de robots se cuadruplicará. Siguiendo las estimaciones de Acemoglu y Restrepo, esto implicaría un efecto sobre la ratio de empleo sobre población de 0,94 % – 1,76 % y una caída de los salarios de entre 1,3 % – 2,6 % entre 2015 y 2025.

Son efectos importantes, pero incluso en este escenario agresivo hacen referencia únicamente a una fracción pequeña de empleo afectada por los robots en EE.UU. Y, concluyen, “no hay nada que apoye la visión de que las nuevas tecnologías harán desaparecer la mayoría de los trabajos, haciendo a los humanos redundantes”.

Frente a las ideas de las posibles futuras consecuencias de la entrada de los robots en el mercado de trabajo, las consecuencias reales distan mucho de acercarse siquiera a los escenarios previstos, incluso en los casos de adopción más extremos.

Cambiando el foco: Los bots en Wikipedia, ¿una guerra silenciosa?

Un estudio del Oxford Internet Institute analizó las interacciones entre robots de software (bots) que realizan funciones básicas de mantenimiento en la web de Wikipedia –correcciones de errores o añadir links entre otras funciones básicas–  explica Ian Sample en The Guardian. Se suponía que no se encontrarían grandes resultados, pero el resultado –en cambio– fue sorprendente. Durante años, estos bots trabajaron aisladamente, pero con el tiempo su número creció exponencialmente y comenzaron a entrar en contacto entre ellos.

Y entonces estalló la guerra porque, como dice Taha Yasseri, que participó en el estudio, “los humanos se tranquilizan después de unos días, pero los bots pueden continuar durante años”. Por ejemplo, Xqbot deshizo 2.000 ediciones efectuadas por el bot Darknessbot, que respondió deshaciendo 1.700 ediciones de Xbot en un total de 3.629 artículos entre 2009 y 2010 con temáticas que iban desde la historia y la geografía hasta el fútbol.

Y esto ocurrió en otros muchos casos, en diferentes idiomas y por distintos motivos, pero en bots que, en principio, son algoritmos con buenas intenciones y de código abierto. Sus conflictos surgieron por pequeñas variaciones en las normas que los rigen.

Por tanto, solemos preocuparnos de cómo la inteligencia puede tomar decisiones por nosotros y contra nosotros, pero nos planteamos mucho menos cómo será la interacción de estas inteligencias artificiales entre ellas. Esto es especialmente relevante si tenemos en cuenta el desarrollo del Internet de las Cosas y cómo prácticamente todo, desde la nevera hasta una camiseta pasando por los coches o las redes eléctricas, estará conectado y relacionándose. Como indica Hop Lipson, de la Universidad de Columbia, es posible apreciar “los complejos e impredecibles comportamientos que emergen cuando los sistemas de inteligencia artificial interactúan unos con otros”. Así, continúa, nos solemos preocupar de lo que la Inteligencia Artificial (IA) puede hacer a las personas, “pero lo que se hagan lo sistemas de IA el uno al otro pueden ser mucho más interesante”.

Incluso, como indica Will Knight en el MIT Technological Review, ni los propios creadores de los algoritmos de aprendizaje profundo saben por qué actúan o toman las decisiones que toman. Por ejemplo, un grupo de investigación del hospital Monte Sinaí de Nueva York aplicó el aprendizaje profundo a más de 700.000 historias clínicas de sus pacientes. El programa Deep Patient, sin ningún tipo de entrenamiento, demostró ser muy bueno en predecir enfermedades, incluso desórdenes psiquiátricos. El problema es que Deep Patient no ofrece ninguna pista de cómo funciona. De manera preocupante, ciertos avances de la Inteligencia Artificial se basan en una “caja negra” y, como indica Knight “podemos cruzar un umbral pasado el cual utilizar la IA puede suponer un salto de fe”.

Conclusión

Los robots tendrán un efecto en el empleo, pero no sabemos bien cómo será y, cuánto empleo destruirá –si es que lo hace y no es compensado por una creciente productividad y nuevos sectores–. La Inteligencia Artificial tendrá efectos en nuestras vidas, pero antes de preocuparnos por sistemas que –como en las películas de ciencia ficción– tomen decisiones por y contra nosotros, es quizá más perentorio pensar cómo se interrelacionarán los diversos sistemas entre ellos. Porque, en estos momentos de cambio e incertidumbre, quizá nos estemos alarmando por cosas que quizá no sean tan negativas y estemos pasando por alto consecuencias muy profundas.